Después de atravesar montañas, montes y pequeñas aldeas, la llegada a Lugo transforma el paisaje del Camino Primitivo. Aparecen las calles, los edificios y el movimiento de la ciudad, pero la naturaleza no desaparece: continúa presente en los ríos, los parques, los árboles y los espacios verdes que atraviesan y rodean el entorno urbano.
El bosque también entra en la ciudad de formas menos evidentes. Está en la madera de un mueble o de un instrumento musical, en las fibras de un cesto, en las páginas de un libro y en numerosos productos que utilizamos cada día. Detrás de ellos existen recursos naturales, pero también conocimiento, planificación, oficios y personas capaces de transformar las materias primas en objetos útiles, duraderos y cargados de cultura.
Lugo permite descubrir todas estas conexiones. El Camino recorre una ciudad construida sobre su historia, integrada en una Reserva de la Biosfera y vinculada al monte a través de la ciencia, la artesanía, la cultura y nuestras propias decisiones. El paisaje cambia, pero la relación con los bosques continúa.

LUGO, KM 100

El Camino Primitivo entra en Lugo descendiendo hacia el valle de A Chanca, un espacio en el que el agua, la vegetación y el relieve todavía acompañan al peregrino antes de alcanzar el centro urbano. Sobre el paisaje se alza el viaducto ferroviario de A Chanca, una sucesión de grandes arcos que recuerda la llegada del ferrocarril y la transformación de las comunicaciones durante el siglo XIX. Cerca del recorrido se encuentra también la Fonte da Chanca, testimonio de la importancia cotidiana que tuvieron durante generaciones los manantiales y las fuentes.
El ferrocarril abrió nuevos usos para materiales que procedían del monte. La madera se utilizó para fabricar traviesas por su resistencia, elasticidad y facilidad para ser trabajada y sustituida. Aunque las traviesas de hormigón ocupan hoy buena parte de la red, las de madera continúan utilizándose en determinados tramos y elementos ferroviarios. Son otro ejemplo, a menudo poco visible, de cómo los recursos forestales han acompañado el desarrollo de infraestructuras y formas de comunicación.

Después de atravesar A Chanca y ascender hacia la ciudad, el peregrino encuentra las grandes letras LUGO KM 100, convertidas en una de las imágenes más reconocibles de la entrada a Lugo. Muy cerca, un mojón oficial señala el punto desde el que restan cien kilómetros hasta Santiago de Compostela.
Alcanzar este lugar tiene un significado especial. Para quienes vienen caminando desde Asturias o desde A Fonsagrada, indica que comienza el último tramo de la peregrinación. Para otras personas, Lugo puede ser el punto de partida, pues cien kilómetros continuos a pie por un camino reconocido constituyen la distancia mínima requerida para solicitar la Compostela, siempre que se cumplan las demás condiciones establecidas.
El Camino continúa por el Carril das Flores hasta encontrarse con la muralla romana. La entrada al recinto histórico se realiza por la Porta de San Pedro, una de las puertas existentes ya en época romana y utilizada durante siglos para acceder a la ciudad desde los caminos procedentes del sur y del este. Cruzarla permite repetir un gesto realizado por viajeros, comerciantes y peregrinos de épocas muy diferentes.

La rúa de San Pedro conduce hacia la praza Maior, centro de la vida urbana. Allí se encuentra la Casa Consistorial, uno de los ejemplos más destacados del barroco civil gallego. En la zona ajardinada de la plaza se encuentra Arco de Triunfo, un conjunto escultórico contemporáneo realizado por Ramón Conde. La obra representa al emperador César Augusto encargando a su legado Paulo Fabio Máximo la fundación de Lucus Augusti. Sus figuras de bronce, instaladas en 2007, recuerdan los orígenes romanos de la ciudad.
A pocos pasos se alza la Catedral de Santa María, construida y transformada a lo largo de varios siglos. En ella conviven elementos románicos, góticos, barrocos y neoclásicos, así como la tradición de la exposición permanente del Santísimo Sacramento, estrechamente relacionada con la historia espiritual de Lugo y con el cáliz y la hostia presentes en los escudos de la ciudad y de Galicia.

En su interior, la madera también forma parte de ese patrimonio. La sillería del coro, realizada por Francisco de Moure entre 1621 y 1624, está tallada en madera de nogal y reúne decenas de asientos decorados con figuras, escenas y motivos naturalistas. Su permanencia después de cuatro siglos muestra cómo un material procedente de un árbol puede convertirse, mediante el conocimiento y el trabajo artesanal, en una obra capaz de atravesar generaciones.

Imaxe cedida pola Catedral de Lugo.
Imagen cedida por la Catedral de Lugo
Desde la catedral, el Camino ofrece dos posibilidades para abandonar el recinto amurallado. Una permite salir por la Porta de Santiago, situada frente a la fachada neoclásica del templo, y descender por la rúa de Santiago. La otra conduce hasta la Porta Miñá o Porta do Carme, la puerta romana que conserva con mayor fidelidad su configuración original y cuya orientación hacia el río explica su nombre. Ambos itinerarios terminan enlazando con la Calzada da Ponte.

Imaxe Porta de Santiago
Imagen Porta de Santiago

Imaxe Porta Miñá ou Porta do Carme
Imagen Porta MIñá ou Porta do Carmen
Desde la Porta Miñá, la ruta desciende hacia el río siguiendo el trazado de una antigua vía romana que comunicaba Lucus Augusti con el Miño. Por esa misma dirección avanza el Camino Primitivo hasta alcanzar el puente romano. Aunque fue reformado en distintas épocas, continúa cumpliendo su antigua función como lugar de paso y permite a caminantes y peregrinos cruzar el río para seguir su camino hacia Santiago.

Muy cerca del puente se conservan las termas romanas, que muestran cómo las aguas termales fueron aprovechadas por los habitantes de Lucus Augusti. También se encuentra una escultura metálica de un soldado romano realizada durante el Arde Lvcus de 2015. Con su lanza y su escudo, la figura parece custodiar el paso y recuerda cómo la ciudad mantiene vivo su pasado mediante una celebración contemporánea.

El recorrido termina abriéndose al paisaje del Miño. Después de atravesar calles, plazas, monumentos y siglos de historia, el peregrino vuelve a encontrarse con el agua, los árboles y la vegetación de ribera. El paseo fluvial permite detenerse, descansar y descubrir que el río no representa únicamente un límite que debe cruzarse: es también un corredor natural, un espacio de recreo y una parte esencial del paisaje de Lugo.
UNA CIUDAD EN LA BIOSFERA
Lugo forma parte de la Reserva de la Biosfera Terras do Miño, reconocida por la UNESCO en 2002. Es, además, la única capital de provincia de la España peninsular integrada en una Reserva de la Biosfera.


El río Miño y su red de afluentes constituyen el gran eje de este territorio, formado por bosques, ríos, humedales, tierras agrarias, aldeas y núcleos urbanos. La Reserva no pretende separar a las personas de la naturaleza, sino favorecer una convivencia equilibrada entre la conservación de sus valores naturales, el bienestar de la población y un desarrollo económico sostenible.
Algunos de sus espacios más valiosos cuentan también con otras figuras de protección. Es el caso de la ZEC Parga-Ladra-Támoga, integrada en la Red Natura 2000, que protege parte de la red fluvial y de los humedales de la cuenca alta del Miño.
Esta relación entre naturaleza y sociedad puede observarse en la propia ciudad. El Miño y cursos fluviales como el Rato y el Fervedoira conectan el espacio urbano con el paisaje que lo rodea. Sus riberas, junto con los parques, las huertas y otras zonas arboladas, forman una red verde y azul que atraviesa Lugo. Porque la naturaleza no entiende de murallas: el agua, los árboles y las distintas formas de vida continúan su recorrido entre el paisaje rural y la ciudad histórica.
Ríos y bosques que conectan
Los ríos son mucho más que corrientes de agua. Sus cauces y su vegetación de ribera forman corredores ecológicos que conectan diferentes hábitats y facilitan el desplazamiento, la alimentación y la reproducción de numerosas especies.
Alisos, sauces, abedules, robles y otros árboles propios de estos ambientes ayudan a sujetar el terreno y a proteger las orillas frente a la erosión. También proporcionan sombra al agua y ofrecen alimento y refugio a aves, mamíferos, anfibios, peces, insectos y muchas otras formas de vida que dependen de la continuidad y del buen estado de estos espacios.
Pero esta red verde y azul también beneficia directamente a las personas. El arbolado proporciona sombra, suaviza las temperaturas y contribuye a mejorar la calidad ambiental. Los parques y paseos fluviales ofrecen lugares para caminar, descansar, practicar deporte, observar la naturaleza o encontrarse con otras personas.

Los paseos junto al Miño permiten acercarse a los bosques de ribera sin abandonar Lugo. En sus orillas se extiende el Parque do Miño, uno de los grandes espacios verdes de la ciudad, con zonas arboladas, áreas de descanso y caminos para pasear, practicar deporte o recorrer en bicicleta. En este entorno, el Camino Primitivo atraviesa el río por la Ponte Vella, de origen romano y reconstruida en distintas épocas, que marca el paso entre la ciudad histórica y el paisaje fluvial.
CIENCIA FORESTAL
Detrás de un monte cuidado, productivo y preparado para afrontar el futuro hay mucho conocimiento. Antes de actuar es necesario estudiar el terreno, observar la evolución de la vegetación, calcular los recursos disponibles y decidir qué trabajos deben realizarse, dónde y en qué momento.

En Lugo, la Escola Politécnica Superior de Enxeñaría de la Universidade de Santiago de Compostela, forma a muchos de los profesionales que desarrollan esta labor. En ella se imparten el Grado en Ingeniería Forestal y del Medio Natural y el Máster Universitario en Ingeniería de Montes, que permite acceder a la profesión regulada de ingeniero o ingeniera de montes.
Galicia cuenta también con la Escola de Enxeñaría Forestal de Pontevedra, perteneciente a la Universidade de Vigo, donde se imparte el Grado en Ingeniería Forestal. Ambos centros preparan a profesionales capaces de responder a las necesidades de un territorio en el que los montes forman una parte esencial del paisaje, la economía y la vida rural.
Planificar antes de actuar
Gestionar un monte no consiste únicamente en decidir qué árboles se plantan o se cortan. Primero es necesario conocer sus características, establecer unos objetivos y organizar las actuaciones a lo largo del tiempo.

Los profesionales de la ingeniería forestal estudian las especies presentes, la edad y el estado del arbolado, la capacidad productiva del terreno, la biodiversidad, los cursos de agua, el riesgo de erosión o incendio, los accesos y los posibles aprovechamientos. Con esta información pueden proponer regeneración natural, plantaciones, podas, clareos y cortas, pero también medidas para prevenir incendios, restaurar zonas degradadas o conservar hábitats y elementos de especial valor.
Esta planificación se recoge en los denominados instrumentos de ordenación o gestión forestal. Según las características y la superficie del monte, puede tratarse de un proyecto de ordenación, un documento simple o compartido de gestión u otra de las figuras reconocidas por la normativa.
Estos proyectos deben ser redactados por personal técnico competente en materia forestal y aprobados por el órgano forestal de la Administración autonómica. No son documentos destinados a quedar guardados en un cajón, sino hojas de ruta que ayudan a conocer el monte, organizar inversiones y aprovechamientos, anticipar riesgos y conservar sus recursos para el futuro.
Del proyecto al terreno
La labor de estos profesionales continúa después de redactar la planificación. Pueden dirigir trabajos forestales, asesorar a propietarios y comunidades de montes, realizar inventarios, valorar madera y otros recursos, diseñar infraestructuras, restaurar terrenos o trabajar en la prevención y extinción de incendios.
También desarrollan su actividad en empresas de aprovechamiento y transformación, asociaciones forestales, consultorías, centros de investigación, administraciones públicas y entidades vinculadas a la conservación de la naturaleza y al sector forestal.
Su trabajo exige buscar equilibrios. Un mismo monte puede producir madera, proteger el suelo y el agua, capturar carbono, albergar biodiversidad, ofrecer espacios para el recreo y generar ingresos para sus propietarios. La planificación permite ordenar estos objetivos y evitar que las decisiones inmediatas comprometan las posibilidades del futuro.
Comprobar que se hace bien
La ingeniería forestal desempeña igualmente un papel importante en la certificación. Para incorporarse a la certificación PEFC, un monte debe disponer de la planificación que le corresponda y demostrar que su gestión cumple los requisitos del Sistema Español de Certificación Forestal PEFC.
Una entidad de certificación independiente revisa la documentación y comprueba sobre el terreno si la gestión se ajusta a esos requisitos. Los equipos auditores deben reunir la titulación, los conocimientos forestales, la formación específica y la experiencia profesional establecidos para desarrollar esta función.
Durante una auditoría se revisan documentos, se visita el monte y se buscan evidencias de que lo planificado se lleva realmente a la práctica. A partir de sus resultados, la entidad de certificación decide sobre la concesión o el mantenimiento del certificado.
La confianza que transmite el sello PEFC se apoya así en dos tareas diferentes pero complementarias: el trabajo de quienes estudian y planifican la gestión del monte y la comprobación independiente de que esa gestión se realiza de manera sostenible.

CUANDO LA MADERA SE HACE CULTURA
Los recursos forestales no se transforman únicamente en materiales para construir o fabricar productos industriales. En manos de una persona artesana, la madera, el papel o las fibras vegetales pueden convertirse en un mueble, un libro, un cesto, una escultura o un instrumento musical.
Lugo cuenta con un lugar especialmente interesante para descubrir esta relación: el CENTRAD, Centro de Artesanía e Deseño de la Deputación de Lugo. En él se desarrollan talleres vinculados al libro, el mueble artesano, la construcción de instrumentos, la cestería, la tapicería y el traje tradicional. También conserva una importante colección de instrumentos musicales y objetos sonoros.
La artesanía comienza con un conocimiento profundo de los materiales. No todas las maderas tienen la misma dureza, flexibilidad, peso, textura, resistencia o sonoridad. Saber elegirlas, secarlas y trabajarlas permite aprovechar sus cualidades y crear objetos capaces de prestar servicio durante mucho tiempo.
Este conocimiento se ha transmitido durante generaciones, pero no pertenece únicamente al pasado. Los oficios artesanos también investigan, diseñan y combinan técnicas tradicionales con nuevas herramientas y formas contemporáneas.
Reparar, restaurar y elaborar objetos duraderos permite, además, aprovechar mejor los recursos. Un mueble que puede mantenerse, repararse y transmitirse evita convertirse rápidamente en un residuo y conserva en su interior el trabajo, el conocimiento y la materia prima utilizados para fabricarlo.
Madera que suena
La madera también puede transformarse en sonido. Instrumentos como gaitas, zanfonas, flautas, tambores y otras piezas tradicionales dependen de las propiedades de los materiales con los que están construidos.

La especie, la densidad, la orientación de la fibra, el secado y la forma de trabajar cada pieza pueden influir en su resistencia, su vibración y su sonido. El instrumento es así el resultado del encuentro entre naturaleza, técnica, sensibilidad y experiencia.
Las colecciones y talleres del CENTRAD ayudan a conservar este patrimonio, investigar su historia y mantener vivos los conocimientos necesarios para construir y restaurar instrumentos. En ellos, una parte del monte se transforma en música y pasa a formar parte de celebraciones, bailes, recuerdos y emociones compartidas.
Del árbol al libro
Entre los numerosos productos que pueden obtenerse de los recursos forestales, el papel ocupa un lugar muy cercano en nuestra vida cotidiana. Está presente en libros, cuadernos, periódicos, dibujos, documentos, cajas, etiquetas y embalajes.

Su principal materia prima es la fibra de celulosa, que puede proceder de la madera o del papel recuperado. Cuando tiene un origen responsable y se utiliza adecuadamente, el papel es un material renovable y reciclable capaz de sustituir determinados productos fabricados a partir de recursos fósiles.
Cuando el papel se convierte en libro adquiere también un valor cultural. Sus páginas permiten conservar conocimientos, historias y experiencias, transmitirlos entre generaciones y llevarlos mucho más allá del lugar y del momento en el que fueron escritos.
En el CENTRAD, el libro puede descubrirse no solo como una obra que se lee, sino también como un objeto creado y conservado mediante diferentes oficios. Su Obradoiro do Libro está dedicado a divulgar las artes relacionadas con su elaboración, encuadernación y restauración, conocimientos que han permitido proteger documentos y prolongar la vida de los libros a lo largo de la historia.
Entre sus actividades formativas se encuentran la iniciación a la encuadernación y la encuadernación artística, la restauración de obra gráfica, el dorado, la fabricación artesanal de papel, la impresión con tipos de plomo y prensas tipográficas, la elaboración de papeles pintados y la creación de libros de artista. También se realizan talleres portátiles que acercan estas técnicas a centros educativos de la provincia.
En este espacio, las hojas de papel se doblan, cosen y reúnen; las cubiertas protegen su contenido y las letras dejan su huella mediante antiguas técnicas de impresión. El libro aparece así como el resultado de la unión entre materia, conocimiento, destreza y creatividad. También puede restaurarse cuando el paso del tiempo ha dañado sus páginas o su encuadernación, prolongando su vida y conservando la historia que contiene.
El CENTRAD dispone además de una biblioteca con miles de volúmenes incorporados a la red de bibliotecas de Galicia. Junto a ella conserva fondos documentales y bibliográficos especializados vinculados a su colección de instrumentos musicales, que contribuyen al estudio y la divulgación de la música y de los instrumentos tradicionales.
Desde la fibra con la que se fabrica el papel hasta las manos que encuadernan, imprimen o restauran sus páginas, cada libro recorre una larga cadena. Elegir materiales procedentes de fuentes responsables permite que la cultura conservada en sus páginas esté acompañada por otra historia igualmente importante: la del cuidado del monte del que proceden sus fibras.
La certificación PEFC permite identificar libros, publicaciones y otros productos gráficos elaborados con materiales procedentes de fuentes forestales sostenibles y controladas. De este modo, el libro puede transmitir conocimiento y, al mismo tiempo, mostrar un compromiso con el origen responsable de sus materiales.
Historia viva
La relación de Lugo con el patrimonio se hace especialmente visible durante el Arde Lucus, una celebración que devuelve temporalmente las calles a sus orígenes romanos y castreños. Campamentos, mercados, desfiles, talleres y representaciones invitan a imaginar cómo era la vida en este territorio hace alrededor de dos mil años.
La recreación permite observar también la importancia que tenían los materiales obtenidos del entorno. La madera, las fibras vegetales, el cuero, la lana, la piedra y los metales servían para construir, desplazarse, cocinar, almacenar alimentos y fabricar herramientas y objetos cotidianos. En los puestos artesanos y en las escenas recreadas pueden reconocerse algunos de estos materiales y las técnicas empleadas para transformarlos.
Una recreación histórica no reproduce necesariamente cada detalle del pasado, pero puede despertar la curiosidad y ayudarnos a comprender cuánto dependieron las sociedades antiguas de los recursos naturales. Aunque hoy contamos con nuevas tecnologías, seguimos necesitando esos recursos; conocer sus usos a lo largo de la historia nos invita también a valorar su procedencia y a utilizarlos de manera responsable.
¿QUÉ VER?
El paso del Camino Primitivo por Lugo permite acercarse a algunos de los lugares más representativos de la ciudad. Muchos se encuentran sobre el propio recorrido o a muy poca distancia, por lo que merece la pena detenerse y descubrir las huellas que dejaron quienes habitaron Lucus Augusti y las generaciones que continuaron construyendo la ciudad.
Una vuelta por la muralla
Al atravesar la Porta de San Pedro, unas escaleras próximas permiten subir al adarve de la muralla romana. Recorrerla por completo supone caminar algo más de dos kilómetros, aunque también es posible realizar solamente un tramo y regresar después al Camino.


Desde lo alto se obtiene una perspectiva diferente de Lugo. Hacia el interior aparecen el trazado de las calles, las plazas y las torres de la catedral; hacia el exterior, los barrios, las zonas verdes y el paisaje que rodea la ciudad. La muralla deja entonces de percibirse únicamente como una construcción defensiva y se convierte en un gran paseo desde el que observar cómo Lugo fue creciendo a ambos lados de sus muros.
El recorrido permite contemplar también dos grandes obras de arte urbano. El mural de Julio César, realizado por el artista lucense Diego As, recuerda el legado romano de la ciudad. Cerca de la Porta Miñá se encuentra A Castrexa o Copora, obra de Manuel Pallín, Yoe33, que representa a una mujer guerrera inspirada en el mundo castreño anterior a Lucus Augusti.

Las dos figuras establecen un diálogo entre momentos diferentes de la historia del territorio. La cultura castreña y la romanización aparecen reinterpretadas mediante un lenguaje contemporáneo, con la propia muralla como escenario y vínculo entre ambas.
Casa dos Mosaicos
Muy cerca de la praza Maior, bajo un edificio de la rúa Doutor Castro, se conservan los restos de una gran vivienda romana. Sus dimensiones y su decoración indican que debió de pertenecer a una persona de elevada posición dentro de Lucus Augusti.
La Casa dos Mosaicos permite observar pavimentos decorados con motivos geométricos y figurativos, parte de un patio porticado y los restos de un comedor dotado de un sistema de calefacción bajo el suelo. Estos elementos ayudan a imaginar cómo se organizaban y habitaban las residencias más acomodadas de la ciudad romana.

La visita permite descubrir que una parte importante de Lucus Augusti permanece oculta bajo las calles y edificios actuales. Cada excavación arqueológica abre una pequeña ventana hacia esa ciudad que todavía forma parte de los cimientos de Lugo.
Domus do Mitreo
Al lado de la catedral, bajo la Casa do Saber de la Universidad de Santiago de Compostela, se encuentra la Domus do Mitreo. El yacimiento conserva los restos de una gran vivienda romana y de un templo dedicado a Mitra, una divinidad cuyo culto se extendió por diferentes territorios del Imperio.
El espacio permite conocer aspectos de la arquitectura, la vida doméstica y las creencias de quienes habitaron Lucus Augusti. También muestra cómo la construcción de la muralla alteró la ciudad anterior, pues parte de la vivienda quedó afectada por el nuevo recinto defensivo.
Esta superposición convierte la Domus do Mitreo en un lugar especialmente interesante: en un mismo espacio pueden observarse distintas etapas de la ciudad y comprenderse cómo cada generación construyó sobre las huellas de las anteriores.
Sala Porta Miñá
Al salir del recinto amurallado por la Porta Miñá se encuentra una sala dedicada a explicar la evolución de la ciudad romana. Está instalada en el antiguo matadero municipal, un edificio de finales del siglo XIX situado en plena ruta del Camino Primitivo.

La exposición combina piezas arqueológicas, fotografías, planos y recreaciones para mostrar el nacimiento, el crecimiento, la fortificación y la decadencia de Lucus Augusti. Los objetos proceden de excavaciones realizadas en diferentes puntos de Lugo y permiten acercarse tanto a la organización de la ciudad como a la vida cotidiana de sus habitantes. En la propia sala puede contemplarse también un pequeño tramo de una cloaca romana, testimonio de la red de saneamiento que recorría la antigua ciudad y del grado de planificación alcanzado por Lucus Augusti.

Su situación, al lado de una de las puertas romanas mejor conservadas, ayuda a relacionar lo que se explica en el interior con la muralla y el trazado urbano que todavía puede contemplarse fuera.
Museo Provincial de Lugo
Quienes dispongan de más tiempo pueden acercarse al Museo Provincial, instalado en parte del antiguo convento de San Francisco. El edificio conserva espacios históricos como el claustro románico, el refectorio y la antigua cocina conventual, que forman parte de la propia visita.
Sus colecciones permiten recorrer diferentes etapas de la historia y la cultura de la provincia. En ellas se encuentran piezas arqueológicas, orfebrería prerromana, escultura, pintura, artes decorativas y objetos vinculados a las formas de vida y al trabajo tradicional.
La visita completa el relato que comienza en las calles de Lugo. Los objetos conservados en el museo permiten comprender mejor a las comunidades que habitaron este territorio, los materiales que utilizaron, los conocimientos que desarrollaron y las distintas maneras en que transformaron los recursos disponibles en herramientas, objetos cotidianos y obras de arte.
El Papel de PEFC
A simple vista no siempre podemos saber cómo se gestiona un monte ni de dónde procede la madera, el papel o las fibras forestales presentes en un producto. Detrás de ellos existen decisiones sobre el aprovechamiento de los recursos, la conservación de la biodiversidad, la protección del suelo y el agua, la prevención de riesgos y el futuro del territorio.

La certificación PEFC permite hacer visible ese trabajo. En el monte, comprueba que la gestión está planificada y responde a criterios de sostenibilidad. Cuando sus recursos salen del bosque, la certificación de Cadena de Custodia permite seguir los materiales a través de las distintas fases de transformación y comercialización hasta llegar al producto final.
Ese recorrido puede terminar en una construcción, un mueble, un instrumento, un libro, un embalaje o cualquier otro producto de origen forestal. Cuando llevan el sello PEFC, podemos reconocer que sus materiales proceden de fuentes sostenibles y controladas, aunque nos encontremos lejos del monte en el que comenzó su historia.
La ciudad también forma parte de esta cadena. Elegir productos certificados, utilizarlos durante más tiempo, mantenerlos, repararlos, compartirlos y reciclarlos ayuda a aprovechar mejor los recursos renovables. De este modo, las decisiones tomadas en una tienda, una empresa, un taller o un hogar pueden contribuir al cuidado de montes que quizá nunca lleguemos a visitar.
Lugo muestra así que el monte y la ciudad no son dos mundos separados. Entre ambos circulan agua, recursos, conocimientos, trabajo, cultura y decisiones. PEFC ayuda a mantener y reconocer esas conexiones desde el origen del recurso hasta el lugar en el que finalmente lo utilizamos.

Proyecto impulsado por la Xunta de Galicia dentro del programa «O Teu Xacobeo»
















