Al superar el Alto da Vacariza y avanzar hacia Castroverde, el Camino Primitivo deja atrás las montañas más elevadas y se adentra en un paisaje de formas más suaves. Prados, tierras de cultivo, aldeas y superficies arboladas se suceden en un territorio en el que el monte forma parte de la vida cotidiana.
En estos montes conviven árboles que han acompañado a las comunidades durante generaciones con masas forestales destinadas a producir madera y otros recursos. Unos destacan por su antigüedad, su relación con un lugar o las historias que guardan; otros crecen para ser aprovechados y transformados en viviendas, muebles, papel, embalajes y numerosos productos que utilizamos cada día. Todos pueden formar parte de un paisaje vivo, diverso y en constante transformación.
Un medio rural vivo necesita personas que trabajen y encuentren oportunidades en él. Aprovechar responsablemente los recursos del monte genera actividad, sostiene empresas y empleos locales y ayuda a mantener el vínculo de propietarios y comunidades con sus tierras. Porque cuando el monte tiene valor para quienes viven a su alrededor, también existen más razones para cuidarlo, gestionarlo y mantener vivo el paisaje.

MONTE CON FUTURO
El paisaje forestal de Castroverde no pertenece únicamente al pasado. En el entorno del Alto da Vacariza y en otras zonas del municipio, el peregrino atraviesa un paisaje en el que el monte también muestra su dimensión productiva. Las masas de coníferas conviven con robles, castaños, abedules y otras frondosas, formando un mosaico forestal perteneciente tanto a propietarios particulares como a comunidades de montes.
Además de cumplir numerosas funciones ambientales y sociales, estos árboles nos proporcionan madera, un recurso natural y renovable con el que se construyen viviendas y se fabrican muebles, suelos, papel, cartón, embalajes y muchos otros objetos cotidianos. En determinados usos, puede sustituir materiales procedentes de recursos fósiles y ayudarnos a avanzar hacia una economía más renovable y circular.
Pero detrás del recorrido que lleva la madera desde el monte hasta el producto final se encuentra el trabajo de muchas personas. Propietarios y comunidades gestionan sus montes; los ingenieros forestales planifican y las empresas realizan los aprovechamientos; transportistas, aserraderos y otras industrias clasifican y transforman la madera. Castroverde reúne un significativo tejido de pequeñas empresas vinculadas a estas actividades, capaces de trabajar con un recurso próximo y generar empleo y conocimiento profesional en el medio rural.

El aprovechamiento responsable proporciona ingresos a los propietarios, moviliza la economía local y ofrece razones para seguir atendiendo y gestionando los montes. No significa cortar sin planificación, sino decidir qué trabajos necesita cada masa, cuándo realizarlos y cómo compatibilizar la producción de madera con la protección del suelo, el agua, la biodiversidad y el paisaje.
Muchas superficies forestales del entorno y empresas vinculadas a su aprovechamiento cuentan con certificación PEFC. La gestión forestal sostenible cuida el origen del recurso y la certificación de cadena de custodia permite seguir la madera a lo largo de su recorrido. Así, el monte que contempla el peregrino puede estar conectado con empresas cercanas y, finalmente, con productos certificados que llegan a nuestra vida cotidiana.
Detrás de la madera hay árboles, pero también propietarios, trabajadores, empresas y comunidades que mantienen vivo el territorio.
EL CASTELO Y SU PAISAJE
Antes de continuar hacia Lugo, la silueta de la Torre-Fortaleza de Castroverde invita a dirigir la mirada hacia lo alto. Situada sobre una elevación que domina la villa, formó parte de una antigua fortaleza medieval de la que hoy se conservan la Torre del Homenaje y restos de sus murallas. Su posición permitía vigilar los caminos y controlar visualmente un amplio espacio circundante.

Desde este lugar se comprende especialmente bien la relación entre patrimonio y paisaje. La torre no se explica únicamente por sus muros, sino también por la elevación sobre la que fue construida, por las vías que discurrían a sus pies y por el territorio que podía contemplarse desde ella. Prados, aldeas, caminos y superficies forestales forman parte de ese escenario histórico.

Hoy, la fortaleza continúa siendo una referencia visual y simbólica para Castroverde. Su imagen está presente incluso en el escudo municipal y recuerda que el paisaje ayuda a comprender el patrimonio, del mismo modo que los elementos históricos enriquecen nuestra manera de contemplar el paisaje.
En la actualidad es un Bien de Interés Cultural y forma parte del patrimonio protegido del municipio. Su protección alcanza también al paisaje que la rodea. La delimitación del territorio histórico del Camino Primitivo reconoce expresamente el valor de las vistas de la fortaleza, especialmente durante la aproximación desde Vilabade. Esto nos recuerda que el patrimonio no está formado únicamente por los monumentos: también por los caminos, los campos, los árboles y las perspectivas que nos permiten contemplarlos y comprender su relación con el lugar.
El Camino Primitivo permite descubrir esta relación a un ritmo pausado. Al acercarnos a Castroverde, la torre orienta nuestra mirada y nos invita a imaginar cuántas personas contemplaron desde allí estos montes antes que nosotros.
Otra mirada sobre Castroverde
El paisaje que rodea el castelo puede contemplarse también desde el Miradoiro da Lomba, situado en uno de los puntos más elevados de la villa, a unos 650 metros de altitud. Se puede llegar hasta él caminando desde el núcleo de Castroverde y ofrece una perspectiva diferente sobre la torre, las viviendas y el territorio que se extiende a su alrededor.

Desde A Lomba se comprende mejor la posición escogida para levantar la antigua fortaleza. La torre se alza sobre una colina y mantiene una estrecha relación visual con el relieve que la rodea. Montes, superficies arboladas, prados, tierras agrarias y pequeños núcleos forman un paisaje en el que se encuentran naturaleza, historia y actividad humana.

Contemplar el castelo desde el mirador nos permite verlo no como un elemento aislado, sino como parte de un territorio que debía observar, controlar y proteger. Hoy esa misma panorámica nos invita a descubrir cómo los bosques, los campos, los caminos y la villa continúan construyendo juntos el paisaje de Castroverde.

LA CATEDRAL DE CASTROVERDE
Antes de llegar a Castroverde, el Camino Primitivo ofrece dos posibilidades: seguir el trazado oficial por Vilalle o tomar el camino antiguo por Vilabade, algo más largo. Quienes eligen esta segunda opción encuentran la iglesia de Santa María de Vilabade, conocida como la catedral de Castroverde y uno de los principales monumentos del municipio.
Sus orígenes están vinculados a la acogida de peregrinos y a la presencia franciscana. El edificio, declarado Bien de Interés Cultural, reúne elementos de distintas épocas, como su portada gótica, el pórtico neoclásico, las pinturas murales y varios retablos. Entre ellos destaca el retablo mayor barroco del siglo XVIII, obra de Francisco Lens.
La estructura tradicional de madera de la cubierta recuerda, además, que este material no solo estuvo presente en las viviendas y construcciones rurales, sino también en edificios concebidos para perdurar y custodiar la memoria colectiva.
Al lado de la iglesia se encuentra el Pazo de Vilabade, una antigua residencia señorial que completa uno de los conjuntos históricos más destacados de Castroverde. Actualmente funciona como alojamiento de turismo rural, dando un nuevo uso que contribuye a conservar un edificio ligado a la memoria del lugar y a la imagen que encuentra el peregrino a su paso por Vilabade.
TODO EN UN ÁRBOL
Durante generaciones, el castaño fue uno de los árboles más valiosos del medio rural gallego. Antes de que la patata y otros cultivos se generalizasen, la castaña desempeñó un papel fundamental en la alimentación de muchas zonas de Galicia. Se consumía fresca, asada o cocida, pero también podía secarse y conservarse durante meses o transformarse en harina.

Sus frutos han servido tradicionalmente de alimento para los animales domésticos y siguen alimentando a numerosas especies de fauna silvestre. Sus flores ofrecen recursos a los insectos polinizadores y permiten obtener miel de castaño, sus troncos, huecos y grietas pueden ofrecer refugio a numerosas especies, mientras que su copa proporciona sombra y cobijo. Su leña también se aprovecha para calentar los hogares y cocinar. Un solo árbol participa así en muchas relaciones diferentes.

Gracias a su resistencia y durabilidad, la madera de castaño se utilizó tradicionalmente en vigas, cubiertas, corredores, puertas, suelos, muebles, aperos, cierres y toneles. Parte de ella todavía permanece en construcciones y objetos que llevan muchas décadas, e incluso siglos, prestando servicio.
Lejos de ser un material del pasado, hoy continúa empleándose en la rehabilitación de construcciones tradicionales, la carpintería, el mobiliario, los revestimientos y la arquitectura contemporánea. Su aprovechamiento responsable permite mantener vivos conocimientos transmitidos durante generaciones y obtener productos renovables, duraderos y capaces de acompañarnos durante muchos años.
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Soutos con memoria
La importancia que tuvieron los castaños todavía puede leerse en el mapa. Nombres como Soutomerille y Souto de Torres conservan la palabra gallega souto, con la que se designa un terreno poblado de castaños, generalmente cuidado para obtener fruto, madera, leña y otros recursos.
En Soutomerille, esa memoria permanece también en el paisaje. El recorrido se adentra por antiguas corredoiras entre castaños, robles y otros ejemplares centenarios. Junto a una de ellas crece el Castiñeiro da Corredoira, un ejemplar de más de tres siglos cuyas raíces parecen abrazar uno de los viejos muros de piedra. Cerca del castro de A Croa se encuentra otro ejemplar destacado, conocido como Castiñeiro do Neto.

Pero Soutomerille no es únicamente un lugar de árboles centenarios. El bosque y los caminos envuelven un conjunto de gran valor histórico, cultural y paisajístico. En él se encuentran la iglesia de San Salvador, reformada en 1619 y con elementos que remiten a una construcción anterior; un pequeño cementerio realizado en piedra; las casas-torre de Arriba y de Abaixo; y los restos del asentamiento castreño de A Croa, junto a las formaciones rocosas conocidas como Asentos dos Mouros. El Camino Primitivo atraviesa este espacio y enlaza sus diferentes elementos.

En el entorno de la iglesia creció además otro gran castaño que cayó durante un temporal en 2015. Su tronco fue trasladado posteriormente junto al albergue de Castroverde, donde se conserva como recuerdo de un árbol que había formado parte durante generaciones de la imagen y de la memoria del lugar.

Soutomerille permite comprender que el patrimonio no está formado únicamente por edificios, yacimientos o árboles considerados por separado. Las corredoiras, los muros, el castro, la iglesia, el cementerio y los castaños forman un paisaje cultural construido a lo largo del tiempo. Muchos de los soutos que hoy admiramos son también el resultado de generaciones de selección, plantación, injerto, poda, limpieza, recogida y transmisión de conocimientos. Su permanencia depende de que continúen siendo cuidados y de que esos conocimientos no se pierdan.

El Papel de PEFC
En Castroverde, la relación entre el monte y las personas puede observarse de muchas formas: en los castaños centenarios y los soutos cuidados durante generaciones, en la madera conservada en construcciones tradicionales, en las superficies forestales que proporcionan recursos y en las empresas y profesionales que los aprovechan y transforman.
PEFC promueve una gestión forestal sostenible que busca mantener la capacidad de los montes para proporcionar madera y otros recursos, pero también conservar su biodiversidad, proteger el suelo y el agua, almacenar carbono y tener en cuenta sus valores sociales, culturales y paisajísticos. La certificación permite comprobar, mediante una evaluación independiente, que esa gestión responde a criterios de sostenibilidad.
La conexión continúa fuera del monte a través de la Cadena de Custodia, que permite seguir los materiales forestales certificados durante su transformación y comercialización. De este modo, el sello PEFC ayuda al consumidor final a reconocer productos vinculados a fuentes gestionadas responsablemente.
Esta relación resulta especialmente visible en Castroverde, donde conviven superficies forestales y numerosas empresas certificadas. Elegir productos con el sello PEFC permite valorar una cadena que comienza en el monte, genera actividad y empleo en el medio rural y acerca a nuestra vida cotidiana recursos naturales y renovables.


Proyecto impulsado por la Xunta de Galicia dentro del programa «O Teu Xacobeo»












