El Camino Primitivo entra en Galicia por el Alto do Acevo, un puerto de montaña situado a 1.030 metros de altitud. Antes de emprender el descenso hacia A Fonsagrada, merece la pena detenerse y mirar. Desde aquí, el relieve abre una de esas panorámicas que invitan a bajar el ritmo y observar cómo las montañas se suceden en el horizonte y las laderas componen un paisaje que nunca es exactamente el mismo: cambia con la luz, la niebla, la lluvia, las estaciones y los colores de la vegetación.
Lo que contemplamos es mucho más que una imagen bonita. El relieve orienta el recorrido del agua, condiciona la presencia de bosques, pastizales y matorrales, y ha influido en la localización de aldeas, caminos y terrenos de cultivo. Las diferentes formaciones vegetales aportan texturas, volúmenes y colores que convierten el paisaje en un mosaico vivo. Además, la propia toponimia nos ayuda a leerlo: nombres como O Acevo, Monteseiro, A Cabreira o A Fonsagrada, entre tantos otros lugares y montes, conservan la memoria de la relación entre las personas y el territorio.
Detrás de ese paisaje hay personas y comunidades que toman decisiones sobre el monte: qué conservar, qué aprovechar, cómo planificar los trabajos, cómo proteger el suelo y el agua o cómo prevenir riesgos. La certificación forestal PEFC permite reconocer y poner en valor que esa gestión se realiza conforme a criterios de sostenibilidad.
UN PAISAJE RECONOCIDO
hace sentir pequeños ante la inmensidad de la montaña. No necesitamos conocer el nombre de cada árbol ni entender cómo se ha formado el relieve para disfrutarlo.
La posibilidad de contemplar, caminar, respirar, desconectar y disfrutar de la naturaleza constituye también un beneficio que los ecosistemas proporcionan a la sociedad.

El monte también se huele, se escucha y se siente. El olor de la vegetación húmeda después de la lluvia, el aroma de las hojas, de la tierra o de las flores; el sonido del viento entre los árboles, de las aves o del agua; la sensación de frescor bajo la cubierta vegetal o el contraste de la luz y la sombra forman parte de la experiencia de caminar.
Son sensaciones que muchas veces percibimos sin detenernos a pensar en ellas, pero que contribuyen a nuestro bienestar y hacen que determinados lugares permanezcan en nuestra memoria.
El monte tiene un valor que no siempre se puede calcular, como el de permitirte vivir esta experiencia. PEFC trabaja para que estos beneficios intangibles de los bosques también sean reconocidos y valorados.
El Val do Burón, un paisaje reconocido
En Paradanova, el Camino ofrece dos alternativas: continuar hacia A Fonsagrada o tomar la variante histórica que pasa por A Proba de Burón. Esta última permite adentrarse en el Val do Burón, reconocido en el Catálogo de Paisajes de Galicia como Área de Especial Interés Paisajístico.
Estas áreas son territorios en los que confluyen valores naturales, culturales, patrimoniales y visuales especialmente destacados. Su reconocimiento nos recuerda que un paisaje no es solo aquello que contemplamos: también conserva formas de vida, usos tradicionales, caminos y elementos que explican la historia del lugar.

En el Val do Burón, las laderas, los cursos de agua, la vegetación, los prados, las aldeas y los montes forman un mosaico estrechamente relacionado con la presencia humana. Cada camino, bosque, prado o núcleo rural constituye una pieza de un territorio vivo, que debe conservar sus valores sin perder la actividad que lo mantiene.
A Fonsagrada forma parte también de la Reserva de la Biosfera Río Eo, Oscos y Terras de Burón, declarada por la UNESCO en 2007 y extendida por territorios de Galicia y Asturias. De los municipios gallegos atravesados por el Camino Primitivo, A Fonsagrada y Baleira están incluidos en esta Reserva. Este reconocimiento destaca un territorio en el que los valores naturales y culturales están profundamente relacionados con las formas de vida y de trabajo de sus habitantes. Más adelante, al llegar a Baleira y al nacimiento del río Eo, conoceremos con mayor detalle qué significa formar parte de una Reserva de la Biosfera.
A Proba de Burón posee una larga historia vinculada a la organización y administración de estas tierras. La villa fue fundada probablemente hacia el año 1200, durante el reinado de Alfonso IX, y llegó a ser el centro de un territorio que comprendía aproximadamente los actuales municipios de A Fonsagrada y Negueira de Muñiz. Una carta conservada en el monasterio de Meira muestra que en 1265 el concejo de Burón ya funcionaba de manera organizada.
Durante siglos, A Proba de Burón concentró funciones políticas, administrativas y económicas. Desde aquí se gobernaba un territorio formado por montes, aldeas y tierras de cultivo, y se regulaban los impuestos, las obligaciones de sus habitantes y el aprovechamiento de sus recursos. Su importancia fue disminuyendo con el paso del tiempo, pero conservó la capitalidad municipal hasta 1835, cuando pasó a integrarse en el Concello da Fonsagrada.
Los restos de la Torre de Burón, conocida también como A Fortaleza o Torre de los Condes de Altamira, recuerdan aquella época en la que A Proba ejercía como centro de poder. La torre formaba parte de una fortaleza más extensa, con un recinto defensivo, varias torres y dependencias desde las que los señores administraban sus dominios. Su historia quedó ligada a las revueltas irmandiñas, levantamientos que reunieron a campesinos, habitantes de villas, artesanos y miembros de la pequeña nobleza frente a los abusos ejercidos por los grandes señores desde sus castillos y fortalezas.

Actualmente, la Torre es de propiedad privada y presenta un estado de conservación muy delicado, por lo que debe contemplarse desde el exterior, sin acceder al recinto. Sus restos siguen siendo un hito del paisaje, pero también recuerdan la fragilidad del patrimonio y la necesidad de conservar los elementos que permiten comprender la historia del territorio.
La Ermita de San José está emplazada en este entorno histórico. Su presencia junto a la Torre permite observar cómo un mismo lugar fue transformándose y adquiriendo nuevos significados con el paso del tiempo.

La ermita es una construcción sencilla, con un escudo de piedra en su fachada. Frente a la función defensiva y señorial de la fortaleza, representa la dimensión religiosa y comunitaria que el lugar adquirió posteriormente. Torre y ermita pertenecen así a momentos y usos diferentes, aunque hoy comparten el mismo paisaje.
¿QUIÉN CUIDA ESTE PAISAJE?
Cuando contemplamos un paisaje forestal, pocas veces pensamos en quién está detrás de él. Sin embargo, muchos de los montes que vemos tienen propietarios y gestores que deciden cómo cuidarlos, aprovechar sus recursos, prevenir riesgos y mantener sus funciones ambientales, sociales y económicas.
En Galicia conviven montes públicos y privados. Entre estos últimos se encuentran los montes vecinales en mano común, una forma de propiedad privada y colectiva característica de nuestro territorio. Pertenecen al conjunto de vecinos que integra una comunidad, sin reparto de cuotas individuales, y tienen carácter indivisible, inalienable, imprescriptible e inembargable.

Durante generaciones, estos montes proporcionaron madera, leña, pastos, matorral y otros recursos esenciales para la vida de las aldeas. Hoy continúan desempeñando un importante papel productivo y económico, pero también protegen el suelo y el agua, conservan biodiversidad, almacenan carbono y ofrecen lugares para caminar y disfrutar del paisaje.
Su relevancia va mucho más allá de una realidad local: cerca de una quinta parte del territorio gallego —unas 650.000 hectáreas— corresponde a montes vecinales en mano común, gestionados por alrededor de 3.000 comunidades.
En el entorno del Alto do Acevo, parte del paisaje que se extiende hacia Monteseiro está vinculada a esta forma de propiedad colectiva. El Monte Vecinal en Mano Común de Monteseiro cuenta con 1.700 hectáreas certificadas PEFC desde el 2004, lo que acredita, mediante la evaluación de una entidad independiente, que el monte se gestiona de manera sostenible.

Unir esfuerzos para cuidar el monte
En Galicia existen diferentes fórmulas que permiten a los propietarios forestales unir esfuerzos para gestionar conjuntamente sus montes. Estas iniciativas ayudan a superar las dificultades derivadas de la fragmentación de la propiedad, facilitando el aprovechamiento sostenible de los recursos, la conservación de los bosques y la prevención del abandono.
Un ejemplo es la Sociedad de Fomento Forestal (SOFOR) Santa Juliana, en A Fonsagrada, que agrupa cerca de 190 hectáreas. De ellas, 45,69 hectáreas de frondosas autóctonas están reconocidas en el Registro de Masas Consolidadas de Frondosas Autóctonas de Galicia.
Por eso, la próxima vez que contemples un monte, recuerda que detrás de lo que ves hay personas, familias y comunidades tomando decisiones sobre su futuro.
EL SELLO DEL MONTE
Gestionar un monte de manera sostenible implica mucho más que decidir cuándo plantar o cortar un árbol. Significa planificar a largo plazo y buscar un equilibrio entre la obtención de recursos, la conservación de la biodiversidad, la protección del suelo y el agua, la captura de carbono, la vitalidad del bosque y las necesidades de las personas vinculadas al territorio.
La certificación forestal PEFC permite comprobar que esa gestión responde a criterios de sostenibilidad. Para obtenerla, el monte debe contar con una planificación adecuada y aplicar los requisitos del Sistema Español de Certificación Forestal. Una entidad independiente revisa la documentación y verifica sobre el terreno que la gestión se realiza correctamente.

Gracias a este proceso, un monte certificado PEFC nos permite reconocer algo que no se distingue a simple vista: detrás de su paisaje existen planificación, trabajo, seguimiento y un compromiso con su conservación futura.
Pero la historia no termina en el monte. De él proceden recursos renovables que pueden transformarse en madera para construir, muebles, papel, envases y muchos otros productos que utilizamos cada día. La certificación de Cadena de Custodia PEFC permite seguir los materiales forestales durante su transformación y comercialización, desde su salida del monte hasta su llegada al consumidor.
Cuando encontramos el sello PEFC en un producto, podemos identificar que los materiales forestales utilizados proceden de fuentes sostenibles y controladas. De esta forma, nuestras decisiones de compra también pueden contribuir a mantener los montes cuidados, productivos y vivos.
Cuando vuelvas a mirar desde el Alto do Acevo hacia las montañas de A Fonsagrada, no contemples únicamente un hermoso paisaje. Detente un instante y piensa también en todo lo que ese paisaje ofrece y en las personas que trabajan para cuidarlo.
Si quieres saber qué superficies PEFC tienes a tu alrededor, búscalas en https://buscador-montes.pefc.es/
¿QUÉ VER?
Seimeira de Vilagocende
Aunque se encuentra algo apartada del trazado del Camino Primitivo, si haces una parada en A Fonsagrada merece la pena acercarse a conocer la Seimeira de Vilagocende. El agua del río Porteliña cae entre la vegetación formando una de las cascadas más espectaculares de Galicia, con un salto de 54 metros.

La experiencia comienza en el propio recorrido de acceso. El sendero desciende entre árboles y permite contemplar, a medida que avanzamos, un paisaje de laderas, bosques y aldeas. El camino invita a bajar el ritmo, observar cómo cambia la vegetación y dejarse envolver poco a poco por el entorno.

Al llegar, el sonido continuo del agua domina el lugar y ayuda a crear una sensación de paz y tranquilidad. La sombra de los árboles, la humedad y el frescor que rodean la cascada ofrecen además un refugio especialmente agradable durante los días de verano. Escuchar el agua, respirar el aire fresco y detenerse bajo la cubierta vegetal forman parte de una experiencia que va mucho más allá de contemplar una caída de agua.
La Seimeira nos muestra cómo el agua, el relieve y el bosque construyen juntos el paisaje. La vegetación acompaña el curso fluvial, proporciona sombra, conserva la humedad y convierte la visita en una experiencia visual y sensorial. Es uno de esos lugares en los que merece la pena permanecer unos minutos, escuchar y disfrutar sin prisa.
El Concello da Fonsagrada recoge en su web diferentes rutas y lugares de interés que permiten seguir descubriendo el paisaje y el patrimonio del municipio.
Red de Micropaisajes
Hay lugares que no necesitan ser grandes para resultar especiales. A veces basta un árbol, una fuente, una pequeña capilla, un puente o una piedra que guarda una historia para despertar nuestra curiosidad y generar una experiencia sensorial y emocional. La Red de Micropaisajes de A Fonsagrada reúne esos pequeños espacios y rincones capaces de transmitir calma, belleza y emoción.
La Red propone otra manera de conocer el territorio: prestar atención a los detalles, detenerse y descubrir el valor natural, cultural o patrimonial que puede esconderse en un lugar aparentemente sencillo. Puedes consultar todos los puntos y localizarlos en el mapa de micropaisajes de A Fonsagrada.
Hospital de Montouto
Entre los lugares recogidos en esta Red se encuentra el Hospital de Montouto, situado en uno de los tramos más altos y expuestos del Camino Primitivo. Fue fundado en el siglo XIV para ofrecer refugio y atención a los peregrinos que atravesaban estas montañas, donde el frío, el viento, la nieve y el aislamiento podían convertir el viaje en una experiencia especialmente difícil.

Hospital de Montouto
Imagen de la web del Concello de A Fonsagrada
Su entorno reúne valores paisajísticos, históricos, patrimoniales y espirituales. También permite comprender cómo el territorio y sus recursos se pusieron al servicio de las personas: la piedra y la madera proporcionaban materiales para construir, calentarse y hacer habitable un lugar expuesto a condiciones especialmente duras.
Dolmen de As Pedras Dereitas
Muy cerca del hospital se encuentra el dolmen de As Pedras Dereitas, el elemento más visible de una antigua necrópolis megalítica. Sus grandes piedras nos hablan de las comunidades que habitaron estas montañas hace miles de años y eligieron este lugar para enterrar y recordar a sus muertos.

Dolmen
Imagen de la web del Concello de A Fonsagrada
En este rincón, el paisaje conserva huellas de diferentes épocas. El mundo megalítico, la tradición jacobea y la historia de las comunidades de montaña se encuentran en un mismo espacio, cargado de valores culturales, patrimoniales y espirituales.
Pedra Labrada
En las proximidades del antiguo emplazamiento del Hospital de Montouto se alza la Pedra Labrada, una gran piedra hincada que suele interpretarse como un menhir. Su presencia nos recuerda que estas montañas fueron recorridas y habitadas mucho antes del nacimiento del Camino de Santiago.
Durante siglos, piedras como esta pudieron servir como referencias para orientarse, señalar límites o identificar lugares importantes. Hoy forman parte de la memoria del paisaje y nos invitan a imaginar cómo se relacionaban con estas tierras quienes las recorrieron antes que nosotros.
Teixos de Carballido
Junto a la iglesia de Carballido crecen dos tejos de grandes dimensiones y notable longevidad, conocidos como los teixos de Carballido. Estos árboles han acompañado la vida de la aldea durante generaciones y forman parte tanto de su patrimonio natural como de su memoria colectiva.

Teixos de Carballido
Imagen de la web del Concello de A Fonsagrada
El tejo es una especie tradicionalmente vinculada a lugares sagrados, iglesias y cementerios. Su larga vida lo ha convertido en símbolo de permanencia y continuidad. Árboles como estos ofrecen refugio y alimento a distintas especies, pero también conservan historias, afectos y significados que no pueden medirse únicamente por su tamaño o su edad.
El Papel de PEFC
El valor de cuidar lo que vemos
El paisaje que contemplamos es también el resultado de las decisiones que se toman sobre el monte. Conservar la biodiversidad, proteger el suelo y el agua, mantener la capacidad de los bosques para capturar carbono, obtener recursos de manera responsable y favorecer el desarrollo de las comunidades rurales son funciones que deben convivir y mantenerse a lo largo del tiempo.
La gestión forestal sostenible busca ese equilibrio. No se trata de elegir entre aprovechar o conservar, sino de planificar cada actuación teniendo en cuenta los diferentes valores ambientales, sociales y económicos del monte.
PEFC trabaja para que esta gestión responsable pueda reconocerse y demostrarse. La certificación forestal verifica, mediante la evaluación de una entidad independiente, que los montes se gestionan conforme a criterios de sostenibilidad. También ayuda a poner en valor beneficios que no siempre se ven ni se pueden medir fácilmente, como el disfrute del paisaje, el bienestar que proporciona caminar por la naturaleza o los valores culturales y espirituales vinculados al bosque.
En el entorno del Alto do Acevo, el Monte Vecinal en Mano Común de Monteseiro cuenta con certificación PEFC, además de otras muchas parcelas de propietarios forestales privados. Detrás del paisaje que observas hay, por tanto, una comunidad que gestiona el monte y un compromiso acreditado con su futuro.
Porque cuidar el monte también significa aprovechar sus recursos de forma responsable y mantener vivo el paisaje que hoy puedes contemplar, recorrer y sentir.


Proyecto impulsado por la Xunta de Galicia dentro del programa «O Teu Xacobeo»












