A medida que avanzamos desde Fonfría hacia A Fonsagrada, las construcciones que encontramos nos permiten descubrir otra de las grandes relaciones entre el monte y la sociedad: el aprovechamiento de la madera para crear espacios en los que vivir, trabajar, guardar alimentos o encontrar refugio.
Durante generaciones, las comunidades de estas montañas construyeron con los recursos que tenían a su alcance. La piedra, la pizarra, la madera y las fibras vegetales se combinaban para responder al clima, a las actividades del campo y a las necesidades de cada familia. Hoy, la innovación y las nuevas tecnologías permiten que la madera siga formando parte de nuestra arquitectura, desde la rehabilitación de edificios históricos hasta la construcción de viviendas y edificios de varias plantas.
La madera es un material natural y renovable que conecta el monte con los lugares que habitamos. Cuando procede de bosques gestionados de forma sostenible y cuenta con certificación PEFC, podemos conocer su origen y aprovechar este recurso con garantías para seguir construyendo el futuro.

Imaxe cedida por Olladas de Barbeitos. A Fonsagrada
Imaxe cedida por Olladas de Barbeitos. A Fonsagrada.
MADERA CON HISTORIA
La arquitectura tradicional de A Fonsagrada está profundamente ligada al territorio. No se elegían los materiales en un catálogo: se aprendía a reconocer lo que ofrecía el entorno y a utilizarlo con ingenio. La piedra y la pizarra protegían frente a un clima exigente, mientras que la madera permitía levantar estructuras, cerrar huecos, construir puertas y suelos, fabricar muebles, herramientas y aperos o crear pequeñas edificaciones auxiliares.
También proporcionaba calor. La leña recogida en los montes ayudaba a cocinar, calentar las viviendas y hacer más llevaderos los inviernos de montaña. Cada parte del recurso encontraba una utilidad y formaba parte de una economía cotidiana basada en aprovechar lo disponible y evitar el desperdicio.
Hórreos: construir para conservar
Los hórreos son uno de los ejemplos más reconocibles en tu camino de la relación entre monte, agricultura y arquitectura. No surgieron para decorar el paisaje, sino para resolver una necesidad esencial: guardar y conservar las cosechas, manteniéndolas ventiladas y protegidas de la humedad y de los animales.
En A Fonsagrada encontramos una tipología propia, generalmente construida en madera y elevada sobre apoyos de piedra. Junto a ejemplares de planta cuadrada aparecen otros de planta octogonal, especialmente singulares. Su forma, los materiales utilizados y cada una de sus piezas responden a una función aprendida y perfeccionada durante generaciones.
A lo largo del Camino y en las aldeas próximas todavía podemos encontrar hórreos, pallozas, cubiertas, cerramientos y otros elementos que muestran la importancia histórica de la madera. Son construcciones que guardan alimentos, pero también conocimientos: nos cuentan cómo las personas aprendieron a utilizar los recursos del monte para adaptarse al territorio.
PEFC trabaja para que el aprovechamiento de la madera continúe formando parte de nuestros paisajes y de nuestra economía, asegurando que el recurso proceda de montes gestionados de forma sostenible.
CONSTRUIR CON MADERA
La madera no pertenece solamente a la arquitectura del pasado. Las nuevas técnicas de diseño, cálculo, transformación y fabricación han ampliado enormemente sus posibilidades. Hoy puede utilizarse en viviendas, equipamientos públicos y edificios de varias plantas, tanto en estructuras como en fachadas, cubiertas, carpinterías, revestimientos o mobiliario.

Imaxe cedida por Olladas de Barbeitos. A Fonsagrada.
Imaxe cedida por Olladas de Barbeitos. A Fonsagrada.
Productos como la madera laminada o los paneles estructurales permiten fabricar piezas de gran tamaño, resistentes y precisas. Muchos componentes pueden prepararse previamente en taller y llegar a la obra listos para su montaje. La madera puede combinarse, además, con piedra, vidrio, acero, hormigón u otros materiales, utilizando cada uno allí donde resulte más adecuado.
Construir con madera no significa regresar al pasado. Significa aplicar el conocimiento y la tecnología actuales a un recurso natural, renovable y capaz de ofrecer soluciones para la arquitectura del presente y del futuro.
Espacios que también se sienten
La madera no solo sirve para sostener un edificio: también influye en la forma en que lo percibimos. Sus vetas, sus tonalidades y su textura hacen visible el origen natural del material. La luz sobre una superficie de madera, el tacto de un pasamanos, el sonido de una estancia revestida o su aroma característico pueden cambiar nuestra experiencia de un espacio.
Muchas personas asocian la madera con la calidez, el refugio y la cercanía a la naturaleza. Por eso está presente en lugares en los que se busca crear ambientes acogedores: viviendas, alojamientos, bibliotecas, centros culturales, escuelas o espacios de descanso.
También el mobiliario nos permite incorporar el bosque a nuestra vida cotidiana. Una mesa, una silla o una estantería pueden acompañarnos durante muchos años, formar parte de nuestra historia y guardar recuerdos de los espacios y momentos compartidos a su alrededor. Cuando el tiempo deja su huella, estas piezas pueden repararse, restaurarse o recibir una nueva vida. Esa capacidad de permanecer, renovarse y seguir acompañándonos es también uno de los regalos que nos ofrece la madera.
CARBONO QUE PERMANECE
Los bosques cumplen una función esencial frente al cambio climático: capturan y almacenan carbono.
Una parte de ese carbono permanece en el bosque, en los árboles, la vegetación y el suelo. Cuando la madera se aprovecha para fabricar un producto, el carbono almacenado no desaparece: continúa dentro de una viga, una puerta, un suelo o un mueble durante toda su vida útil. Cuanto más duradero sea el producto y más tiempo se utilice, más se prolongará ese almacenamiento.
Por eso, un edificio construido con madera puede entenderse también como un depósito de carbono. Y si sus elementos se mantienen, reparan o reutilizan en nuevas construcciones, ese carbono puede permanecer almacenado todavía más tiempo.
La captura y el almacenamiento de carbono son servicios ecosistémicos que los bosques proporcionan a toda la sociedad. La madera nos permite prolongar parte de ese servicio más allá del monte y llevarlo hasta los lugares que habitamos.
Historias guardadas en la madera
No solo los grandes edificios conservan carbono. También lo hacen los pequeños objetos de madera que han acompañado durante generaciones la vida y el trabajo de las personas. El Museo Comarcal da Fonsagrada permite descubrir muchos de ellos y comprender hasta qué punto el monte estaba presente en la vida cotidiana de esta comarca.
En sus salas encontramos muebles, aperos, recipientes, herramientas y utensilios relacionados con la casa, la labranza, el monte y distintos oficios rurales. Mientras estas piezas de madera se conservan, una parte del carbono capturado por los árboles con los que fueron elaboradas continúa almacenada en ellas. Pero guardan algo más: conocimientos, formas de trabajar y recuerdos de una sociedad que sabía aprovechar los materiales disponibles en su entorno.

Uno de los oficios representados es el de los zoqueiros, artesanos que fabricaban zuecos a partir de una pieza de madera. Su trabajo requería conocer las propiedades del material y manejar diferentes herramientas para cortar, vaciar y dar forma a cada pieza. Utilizaban hormas de madera para adaptar los zuecos a las distintas medidas y elaboraban también piezas especiales, en las que cada artesano podía incorporar formas y motivos decorativos propios. Aquellos detalles permitían reconocer su manera de trabajar y convertían un objeto cotidiano en una expresión de identidad.

El Museo fue fundado en 1984 por un patronato formado por vecinos de A Fonsagrada con el propósito de conservar y difundir la memoria cultural de la montaña lucense. Su colección reúne piezas de etnografía, arqueología y arte contemporáneo. La sección etnográfica recrea espacios como una bodega, una forja y un lar, y dedica apartados a los oficios rurales, la labranza, el monte, la escuela, la religiosidad y la emigración. La arquitectura popular también está presente mediante maquetas, planos y fotografías que muestran los materiales y las formas tradicionales de construir.
Recorrer el Museo permite observar cómo una misma materia prima podía convertirse en una herramienta, un mueble, un recipiente, un apero o un par de zuecos. Muchos de esos objetos sobrevivieron a quienes los fabricaron y utilizaron. En ellos permanecen unidos el carbono que un día capturó el árbol y la memoria de las personas que supieron transformar su madera.
ARQUITECTURA PREMIADA
En A Fonsagrada podemos observar cómo la madera conecta la tradición constructiva con nuevas formas de habitar. Dos proyectos reconocidos en los Premios de Arquitectura en Madera CESUGA–Pino de Galicia 2025 muestran esta evolución de una manera especialmente cercana.
Olladas de Barbeitos: una nueva vida
En una ladera próxima al Camino se encontraba un antiguo cebadero de becerros que hoy tiene una nueva vida. El proyecto de Salgado e Liñares Arquitectos lo transformó en un alojamiento para viajeros, conservando la escala de la edificación y dando protagonismo a la madera local.

Imaxe cedida por Olladas de Barbeitos. A Fonsagrada.
Imagen cedida por Olladas de Barbeitos. A Fonsagrada.
Una nueva estructura, distribución y envolvente de pino permitieron cambiar por completo su uso. La madera de proximidad aparece en la fachada, las estructuras, los techos, los pavimentos, las escaleras y distintos revestimientos interiores. El empleo de pino termotratado demuestra, además, cómo la tecnología puede mejorar las prestaciones del material y ampliar sus aplicaciones, incluso en espacios húmedos.
El proyecto recibió el premio en la categoría de Obra Nueva. Su transformación nos recuerda que construir no siempre significa comenzar desde cero: también puede consistir en aprovechar lo que ya existe, adaptarlo a nuevas necesidades y ofrecerle otra oportunidad.
Centro Cultural Forges: madera, cultura y memoria
La antigua casa consistorial de A Fonsagrada, construida en el siglo XIX y sin uso desde 2015, ha sido rehabilitada para acoger el Centro Cultural Forges. El proyecto de FIRM Arquitectura recupera el edificio histórico e incorpora madera de castaño local certificada PEFC en estructuras, fachadas, carpinterías, pavimentos y revestimientos.

La madera dialoga con los antiguos muros de piedra, ayuda a ordenar los nuevos espacios y aporta continuidad, calidez e identidad al conjunto. En la fachada del patio, los elementos laminados de castaño cumplen varias funciones: sostienen la envolvente, regulan la entrada de luz y contribuyen a la protección solar.

El empleo de materiales de proximidad conecta la rehabilitación del patrimonio con la economía local y la gestión de los recursos forestales. Por este compromiso, el edificio recibió el primer Premio Arquitectura en Madera Sostenible PEFC.

Olladas de Barbeitos y el Centro Cultural Forges parten de construcciones y necesidades diferentes, pero comparten una misma idea: la madera puede recuperar edificios, crear nuevos usos y mantener la arquitectura vinculada al territorio.
El Papel de PEFC
Hablar de madera es también hablar del monte del que procede. La historia de una viga, una ventana o un mueble comienza mucho antes de llegar al edificio: nace en un bosque, continúa con el trabajo de propietarios, gestores y profesionales forestales y avanza a través de las empresas que aprovechan, transforman y comercializan el material.
PEFC actúa a lo largo de todo ese recorrido. La certificación de Gestión Forestal Sostenible permite demostrar que el monte se gestiona atendiendo a sus funciones ambientales, sociales y económicas. Esto significa conservar su capacidad productiva, proteger el suelo, el agua y la biodiversidad, mantener su vitalidad y aprovechar sus recursos pensando en el largo plazo.
La certificación de Cadena de Custodia permite seguir después el recorrido de la materia prima a través de las sucesivas etapas de transformación y comercialización. Así, la madera certificada que encontramos en un edificio puede vincularse de forma verificable con un origen forestal gestionado de manera sostenible.
La certificación no convierte la madera en sostenible por el simple hecho de utilizarla: aporta la garantía de que conocemos su procedencia y de que existe un compromiso comprobado detrás del material.
El monte proporciona un recurso renovable, la gestión sostenible hace posible su aprovechamiento futuro, la cadena de custodia sigue su recorrido y la arquitectura transforma la madera en espacios para las personas.
Cuando elegimos madera certificada PEFC, elegimos mucho más que un material. Reconocemos el trabajo de quienes cuidan y gestionan los montes, apoyamos una economía vinculada al territorio y contribuimos a que el carbono capturado por los árboles permanezca almacenado en productos útiles y duraderos.
Del monte que recorres a la madera que habitas, todo forma parte de una misma historia.


Proyecto impulsado por la Xunta de Galicia dentro del programa «O Teu Xacobeo»
















