Ponte Maceira es una visita obligatoria en el Camino de Fisterra, ya documentada en las fuentes históricas. En 2020 fue reconocida como una de las poblaciones más bonitas de España por sus valores culturales y medioambientales, y cualificada como Bien de Interés Cultural. Aquí hablaremos de cómo los caminos han articulado nuestro territorio a lo largo del tiempo, facilitando el intercambio de bienes, ideas y valores entre los diferentes pueblos y culturas que interconectan. También hablaremos sobre el vínculo que se establece entre los caminos y el sector forestal, mientras descansas bajo la copa de alguno de los árboles de la zona.

PEFC considera que una infraestrutura viaria adecuada resulta indispensable para el cumplimiento de los objetivos de gestión, los usos y la defensa del mont

Los Caminos
El Puente
Los Cruceiros
El papel de PEFC
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Los Caminos

Los caminos no son elementos estáticos sino dinámicos, que responden a las circunstancias y necesidades de las comunidades a las que se asocian en cada momento y lugar. Su construcción implica un grado de intervención en el entorno que varía según las épocas; en la prehistoria, por ejemplo, apenas son sendas marcadas en el suelo, mientras que en época moderna su ejecución implica desmontes, rellenos, etc. En todo caso, la construcción de caminos denota un conocimiento específico y experto del territorio por parte de las comunidades.

Los túmulos neolíticos (también llamadas mámoas o medorras) se emplazan a lo largo de las rutas de tránsito natural, marcando las zonas óptimas de paso.

La aparición de sociedades jerárquicas en la Edad del Hierro implica el surgimiento de centros de poder más o menos distantes que interactúan entre sí, lo que conduce a la creación de una red de caminos de corta, media y larga distancia que posibilita esos intercambios.

Esta red se multiplica con la conquista romana, no solo porque surgen nuevos núcleos de poder, sino también porque el propio Imperio fomenta su construcción, entendiendo que son un elemento clave para el buen funcionamiento de su sistema social, político y económico.

En la Edad Media, el descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago constituye un punto de inflexión. Compostela se convierte en el centro de Gallaecia, en uno de los principales centros de Europa y en una de las tres capitales de peregrinación de la cristiandad. Por esto, se convirtió en el destino de la mayoría de los caminos de largo recorrido, lo que dio lugar a una reorganización y jerarquización total de la red.

La existencia de vías de comunicación es uno de los factores que condicionan la ubicación de los núcleos de población; por eso es tan común en Galicia que los asentamientos se dispongan de forma lineal en los márgenes de los caminos. La consolidación de las rutas de peregrinaje a Compostela a finales del siglo XI acentuó este proceso, ya que propició la creación de nuevos asentamientos a lo largo de las rutas para garantizar el control del territorio y el tránsito de mercancías, la seguridad y la prestación de servicios a los peregrinos a través de equipamientos específicos como hospedajes u hospitales.

Hasta el s. XVII, los caminos eran “de herradura y de pié”; es decir, estaban pensados para la movilidad de personas y caballos. Sin embargo, en el s. XVIII, el Estado acomete la construcción de los denominados Caminos Reales ya diseñados para el tránsito de carruajes de ruedas. El objetivo era facilitar el comercio entre las diferentes regiones; por tanto, la caja de estas vías era mucho más amplia que las anteriores, las tareas de mantenimiento se realizaban con mayor frecuencia, se sometían a una mayor vigilancia para garantizar la seguridad de los usuarios, y se les dotaba de infraestructuras de apoyo, como postas de descanso para viajeros. Como en otros tiempos, el trazado de los caminos reales a menudo seguía el trazado de los caminos anteriores.

Ese mismo proceso se repitió en el s. XIX cuando comenzaron a construir carreteras. Se reutilizó el trazado de los caminos reales, modificando ciertos aspectos que contribuían a mejorar las comunicaciones (ensanchamiento de la plataforma de rodaje, rectificación de curvas cerradas, diseño de tramos alternativos en las zonas de mayor desnivel, etc.).

Es decir, nuestra extensa red de caminos es resultado de la suma y reutilización de vías construidas en diferentes épocas, que se someten a transformaciones de mayor o menor magnitud para dar respuesta a las necesidades e intereses de cada período histórico. Y los Caminos de Santiago no fueron una excepción.

La primera referencia inequívoca al Camino de Fisterra como ruta de peregrinación internacional aparece en el año 1283. El peregrinaje a Santa María de Fisterra ya existía antes de esa fecha, pero tenía un alcance local o regional. Desde Compostela se podían tomar varias rutas para llegar al fin del mundo, y todas cruzaban el río Tambre. La más antigua cruzaba el desaparecido puente de Ons, situado en el límite entre los actuales municipios de Negreira y Brión, y que según la tradición se derrumbó al paso de las tropas romanas que perseguían a los discípulos del Apóstol Santiago, que se dirigían a Compostela con el cuerpo sin vida de este. Otra ruta posible era la que finalmente se ha consolidado como ruta de peregrinaje y cuyo recorrido coincide con el Camino Real entre Santiago y Corcubión. Esta ruta ofrece algunas variantes, pero en la documentación histórica siempre figuran algunas paradas obligatorias, como Ponte Maceira, situada en el límite entre los municipios de Negreira y Ames.

El Puente

El puente que ves hoy en día fue construido entre los siglos XIII y XIV por la mitra compostelana, con el fin de facilitar la comunicación con los puertos de Fisterra, Corcubión, Cee y Muxía, controlando los accesos y mercancías. Como todos los puentes medievales, tiene un perfil abombado, con un arco apuntado de 14m de luz en el centro y dos arcos de medio punto a cada lado, de 6m de luz. En los extremos, se han construido también unos pasos para facilitar la evacuación de agua en los períodos de inundación. 

l puente se levanta directamente sobre la roca, y es en su cimentación (que presenta un aparejo diferente al utilizado en el resto del puente) donde algunos historiadores ven el origen romano de la estructura; pero esta cuestión no está confirmada desde un punto de vista arqueológico. Atribuir orígenes romanos a los puentes medievales es lógico teniendo en cuenta cómo se ha ido configurando la red viaria de nuestro país. Así, siguiendo esta misma lógica, la existencia de un asentamiento de la Edad del Hierro a unos 300 m al sur (el Castro de Piñor) confirmaría la reutilización constante de los caminos y el papel estratégico que ha jugado esta zona a lo largo del tiempo en la comunicación entre el interior y la costa.

Aguas abajo, el topónimo A Barquiña alude a un paso con barca anterior a la existencia del puente. Existían también otras soluciones, como las pontellas o las poldras, de las que hablaremos en Vaosilveiro, en el ayuntamiento de Muxía.

En el año 2020 se iniciaron los trámites para declarar Ponte Maceira como bien de interés cultural, el grado máximo de protección contemplado por nuestra legislación. También en ese año fue reconocido como uno de los pueblos más bonitos de España por la asociación que otorga esta distinción. En ambos casos, aunque el puente es el detonante, también se tiene en cuenta el valor ambiental de todo el conjunto.

El puente cruza el río Tambre, uno de los ríos más destacados de nuestra Comunidad, lo que convierte la zona en un entorno natural de especial belleza. La vegetación ripícola asociada al río, además de tener un gran valor paisajístico (Área de Especial Interés Paisajístico), tiene una alta importancia ecológica, regulando el microclima del río, asegurando la estabilidad en las riberas, formando un hábitat ideal para muchas especies animales y vegetales, actuando como filtro de sedimentos y sustancias nocivas en el lecho, y por supuesto, dando sombra y abrigo en nuestro camino hacia el próximo hito que es el pueblo de Negreira.

En este tramo, el recorrido coincide con la Ruta de los Tres Pazos, un recorrido circular de 15’5km que conecta tres casas señoriales: el Pazo de Baladrón (Ponte Maceira), el Pazo de Albariña (Logrosa) y el Pazo do Cotón (Negreira).

Los Cruceiros

Si hablamos de caminos tenemos que hablar de cruceiros. Dondequiera que mires, verás uno; en Galicia hay más de 15.000 y el proceso de catalogación sigue en marcha.

Los cruceiros comenzaron a popularizarse en el s. XVI. Son monumentos religiosos en forma de cruz, erigidos en piedra, aislados o formando parte de un via crucis. Están compuestos por una plataforma de uno o más escalones sobre los que te arrodillas para rezar; un pedestal en el que puede haber una inscripción con el año, autor o motivo de construcción; el fuste; el capitel (que puede ser reemplazado por una pequeña capilla); y coronando todo, una cruz. El fuste y el capitel pueden tener decoración o no. Si la tiene, los motivos más comunes en el fuste son escaleras, serpientes, calaveras y tibias, o los instrumentos de la pasión; en la cruz se suele representar a la virgen mirando hacia el este (al amanecer) y la crucifixión hacia el oeste (el atardecer).

Los cruceiros tienen diferentes funcionalidades. Están ubicados en los cruces de caminos, sirviendo de señalización y protección (sobre este hablaremos a tu paso por Dumbría). También se sitúan en donde haya ocurrido una muerte trágica para conmemorar al difunto, para expiar alguna mala acción, para agradecer algún beneficio obtenido de Dios o como testimonio del cumplimiento de una promesa. También indican la proximidad de una iglesia o cementerio, así como los límites de una parroquia o municipio.

En los entierros, se rezaba una oración en cada cruceiro por el que pasaba el cortejo fúnebre. Los niños que morían antes de ser bautizados no podían ser enterrados en cementerios, por lo que a menudo eran enterrados en secreto al pie de los cruceiros, pues así estaban más cerca del cielo. Aún hoy en día muchas procesiones de las fiestas parroquiales discurren en torno a un cruceiro, lo que muestra su importancia en nuestro imaginario.

El Papel de PEFC

Una adecuada infraestructura vial es fundamental para el cumplimiento de los objetivos de gestión, usos y defensa del monte. 

Esa red viaria está formada por las infraestructuras de uso público que le dan servicio y las pistas forestales del propio monte, por lo que es imprescindible disponer de una red viaria adecuada tanto en densidad como en lo que se refiere a su estado de conservación.

La función principal de esta infraestructura vial es facilitar el acceso a los sistemas forestales para su gestión, la supervisión fitosanitaria y la extracción de productos, así como facilitar la protección contra incendios, la comodidad de los visitantes, etc.

En el caso de aprovechamientos madereros es necesario tomar las medidas oportunas para racionalizar las vías de extracción de la madera y limitar la longitud del recorrido a lo estrictamente necesario para el paso y trabajo de la maquinaria. Se recomienda romper la continuidad de las rutas de extracción para reducir el daño por viento y disminuir el impacto paisajístico. Además, en la medida de lo posible, las vías de extracción no deben coincidir con masas de frondosas (o al menos deben respetarlas), debe minimizarse el número de ramales ciegos, evitar tramos de desnivel excesivo y realizar obras de drenaje técnicamente justificadas.

Las vías pecuarias, destinadas al tránsito del ganado, han cumplido tradicionalmente un doble propósito: poner en comunicación las zonas de pastoreo estacional y proveer alimento al ganado durante sus desplazamientos. También se pueden considerar como corredores verdes de alto interés ecológico para el mantenimiento de la biodiversidad natural. Paralelamente a esta concepción ecológica, ante una demanda social cada vez más intensa y sin entrar en contradicción con el uso pecuario tradicional, las vías pecuarias se utilizan también para otras actividades complementarias, como el senderismo o los paseos a caballo.

2. Ventosa
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4. Negreira

Iniciativa promovida por el programa “O teu Xacobeo” de la Xunta de Galicia