Los productos forestales nos rodean.

La mayoría de nosotros somos conscientes de los productos que nos ofrecen los montes: madera para nuestras casas y muebles, papel para libros y revistas, envases para alimentos, papel higiénico, mascarillas, incluso nuestra ropa se puede hacer con madera y en nuestro plato podemos encontrar muchos productos de los montes.

¿Sabías que los siguientes productos también contienen materiales forestales? Pinturas, llantas, perfumes, cepillos de dientes, desodorantes, cosméticos, detergentes, ropa, medicinas, corchos para el vino, esponjas, tintes para el cabello, etc.

En esta parada podrás adentrarte en los recursos que nos proporcionan los bosques, de madera o no, y el modo de vida tradicional gallego, caracterizado por un uso sostenible del territorio basado en la complementariedad y multifuncionalidad de los diferentes espacios que lo integran.

A través de la certificación forestal PEFC, podemos trazar los productos gestionados de forma sostenible desde los montes hasta el consumidor final.

Los productos del monte
El modo de vida tradicional
Colmenas
El papel de PEFC
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Los productos del monte

Los montes generan multitud de beneficios ambientales, sociales y económicos gracias a la protección del suelo, el cobijo de una amplia variedad de especies vegetales y animales y la producción de numerosos productos y servicios que son el sustento de muchas familias.

El desarrollo de nuevas actividades y productos procedentes del monte responde a las demandas sociales actuales, tendentes a una bioeconomía circular.

La madera es un material duradero, flexible y liviano que ofrece valores estéticos apreciables, durabilidad, desempeño y comportamiento en uso, para cualquier construcción y estilo. Es un recurso renovable y reciclable, cuyo proceso de transformación en productos de madera implica un bajo consumo energético, al tiempo que constituye un almacén de carbono, tanto en su producción como en fase de uso.

La madera es un material versátil que, solo o en combinación con otros materiales, se puede utilizar, tanto en uso estructural como no estructural, en casi la totalidad del edificio.

Es un material estético y confortable, con características específicas muy particulares, apariencia única y altas ventajas que proporciona a los profesionales del sector soluciones innovadoras, prácticas y económicamente efectivas, a la vez que sostenible y respetuoso con el medio ambiente.

La madera sigue siendo uno de los materiales más demandados en la arquitectura gallega,como podrás comprobar en tu Camino. Se utiliza en edificaciones, galerías, hórreos, embarcaciones y también en herramientas de trabajo, útiles de labranza, utensilios de pesca

¿SABÍAS QUÉ? El uso de madera en construcción en lugar de acero u hormigón reduciría el consumo de combustibles fósiles un 19% y las emisiones de CO2 hasta en un 31% (CEPE).

La cadena de valor de la celulosa, papel y cartón comienza en la naturaleza, en los árboles, de los cuales se obtiene la materia prima natural y renovable con la que la industria papelera produce celulosa y papel.

A partir del papel, las empresas transformadoras producen una amplia gama de productos de papel y cartón como envases y embalajes de todo tipo (cajas, bolsas…), papelería (sobres, cuadernos, carpetas…) y productos de papel tisú (papel higiénico, paños, papel de cocina…). También se producen papeles especiales de alto valor añadido, para aplicaciones muy específicas (papeles decorativos, papeles de seguridad, papeles autoadhesivos, papeles metalizados…).

El papel está hecho con las fibras de celulosa de la madera. Cuando esta fibra se utiliza por primera vez se llama fibra virgen y cuando, mediante el reciclaje, la recuperamos y reutilizamos como materia prima para la fabricación de papel la llamamos fibra reciclada. Pero en realidad es la misma fibra en diferentes momentos de su ciclo de vida.

Estos bioproductos reemplazan productos de recursos fósiles no renovables y contribuyen a la descarbonización.

¿SABÍAS QUÉ? Los embalajes de papel se pueden reciclar 25 veces.  (TU Darmstadt)

La moda sigue el ciclo estacional de la naturaleza y todos somos conscientes de su impacto medioambiental. Sin embargo, la industria de la moda busca reemplazar parcialmente sus materiales convencionales con alternativas sostenibles, y los montes gestionados de forma sostenible son parte de la solución.

Las fibras forestales más populares en el mercado son la viscosa, modal y lyocell, que representan alrededor del 6,2% de la producción textil mundial. Con el avance de la tecnología, los procesos de transformación son cada vez más sostenibles, por lo que son una alternativa más limpia a otras fibras sintéticas (derivadas del aceite) y también al algodón.

Las fibras forestales son naturales, renovables y reciclables, reducen la huella de carbono y ayudan a mitigar el cambio climático.

¿SABÍAS QUÉ? la producción de fibras forestales consume 1/3 de la energía y 60 veces menos cantidad de agua que la misma producción de tejidos de algodón. Fuente: LENZING

Las tradicionales zocas de los campesinos gallegos también eran de madera, principalmente de abedul y aliso. No las confundas con los zocos (en masculino), que tenían suela de madera pero el resto del cuerpo era de cuero, que se curtía con grasa una vez a la semana para impermeabilizarlos. Las zocas se usaban para la vida diaria, mientras que los zocos se reservaban para los días de fiesta. Pocos zoquier@s permanecen activos, pero algunas empresas están volviendo a poner de moda este calzado, manteniendo el trabajo artesanal pero innovando en sus diseños.

Imagen cedida por: M.Celeiro Montero

La resina es un recurso natural sustituto del petróleo, que se extrae de las coníferas (en Galicia del pino Pinus pinaster) y se utiliza para elaborar productos tan diversos como cosméticos, alimentos, pinturas, barnices e incluso componentes electrónicos.

toda la Comunidad como actividad complementaria al aprovechamiento maderero, obteniendo rendimientos medios que superan los 3 kg anuales por árbol. El precio medio de la resina es de 1 € / kg.

Independientemente del beneficio económico, el resinado tiene numerosos efectos positivos. Así, por ejemplo, implica el desbroce del matorral, lo que reduce el riesgo de incendio; y crea empleo, en muchas ocasiones local, fijando población en el medio rural. Además, al ser una actividad que requiere una presencia continuada en el monte, permiten la detección temprana de plagas y enfermedades en los árboles, al tiempo que se mantiene una vigilancia frente a posibles incendios.

Si quieres profundizar un poco más en los métodos de extracción te invitamos a ver el siguiente vídeo 

Los alimentos procedentes de los montes, como las setas, las castañas, los piñones, la miel o la caza, contribuyen de manera importante al suministro de alimentos y a la calidad nutricional de las dietas, especialmente en algunas de las regiones más vulnerables del mundo.

Imagen cedida por: Restaurante O Rueiro. Vilaserío.

Los productos silvestres de origen forestal han sido imprescindibles en la dieta de los gallegos, y aún hoy en día siguen formando parte de nuestra dieta, con posibilidades muy interesantes de desarrollo comercial en el segmento gourmet o premium.

Los productos silvestres de origen gallego son de excelente calidad y poseen fantásticas características organolépticas, sabores y aromas que son una auténtica experiencia para los sentidos. Si a esto le sumamos que su disponibilidad en el mercado es limitada por ser productos de temporada, obtenemos una gama de productos únicos y exclusivos.

En esta parada podrás disfrutar de la restauración de la zona, de exquisitos platos o degustaciones de caza, setas y muchos más productos de nuestros montes.

¿SABÍAS QUE? Las actividades que se desarrollan en el monte, como la caza y la pesca, proporcionan más del 20% de las necesidades proteicas de los hogares en países en desarrollo.

La biomasa forestal es una materia orgánica originada en un proceso biológico que puede ser utilizada como fuente de energía, derivada de los residuos generados en el bosque (residuos de talas, derivados de tratamientos forestales, podas) y subproductos de la industria maderera.

Es una energía respetuosa con el medio ambiente porque contribuye a la reducción de las emisiones de CO2 y reduce la dependencia energética de los productos petrolíferos.

En los montes de Galicia existe una gran variedad de especies forestales que tienen un importante potencial energético. Esta abundancia de nuestro bosque convierte la biomasa forestal gallega en un recurso energético limpio, económico y cercano para nuestros hogares y empresas. Su aprovechamiento contribuye a la limpieza de los montes, reduciendo así el riesgo de incendio.

En Galicia tenemos la capacidad de producción suficiente para cubrir la demanda de este biocombustible, del que se producen 140.000 toneladas anuales, siendo los más productos más habituales el pellet, las briquetas y la leña.

Galicia es la primera región española en términos de potencial de residuos forestales, con una disponibilidad estimada de casi un millón de toneladas anuales de biomasa forestal residual en condición sostenida. Las características climáticas, la distribución de la población y la gran tradición e importancia de las explotaciones madereras reflejan un potencial considerable para este tipo de energía en nuestra Comunidad.

¿SABÍAS QUE? Una vivienda familiar puede ahorrar 1.000 € al año en comparación con una caldera de gasoil; una cifra que ascendería a casi 13.000 € en el caso de un edificio del sector servicios o una comunidad de vecinos. Fuente: Instituto Gallego de Energía (INEGA)

Los montes proporcionan los ingredientes utilizados en la medicina tradicional y moderna.

La recogida de plantas medicinales silvestres era una actividad habitual en la Galicia rural, tanto para curar personas como para el ganado. Actualmente, se está recuperando esta actividad debido a la gran demanda de la industria farmacéutica y cosmética. Manzanilla, genciana, árnica o hipericón son algunas de las más habituales en nuestro país. La árnica es fácil de reconocer porque tiene una flor amarilla muy vistosa con un aroma parecido al de la manzanilla. Tiene propiedades antiinflamatorias, antibióticas, cicatrizantes y analgésicas, por lo que te vendría bien si tuvieras un esguince en el pie, dolor en las articulaciones y músculos, o la piel irritada. La variedad más común en Galicia (Arnica montana L.) genera muy pocas alergias, por lo que es una de las más demandadas por la industria.

Aquí puedes acceder a la presentación de Plantas Medicinales de Galicia con más de 40 especies diferentes con la imagen, nombre y usos, entre otros.

La mejor medicina para nuestra salud mental es pasar tiempo en el monte, pues disminuye los síntomas de ansiedad y depresión. El ejercicio en la naturaleza ayuda a reducir el riesgo de sufrir accidentes cardiovasculares o cerebrovasculares y la obesidad.

¿SABÍAS QUE? Unos 2.000 millones de personas dependen de medicinas tradicionales extraídas de los montes.

El modo de vida tradicional

Imagen cedida por: M.Celeiro Montero

El modo de vida tradicional gallego se caracteriza por un uso sostenible del territorio basado en la complementariedad y multifuncionalidad de los diferentes espacios que lo componen: casa, agro y monte.

Tradicionalmente, el rural gallego se basaba en una economía de autosuficiencia basada en la complementariedad entre los diferentes espacios que componen el paisaje del que hablábamos en el mirador de Ventosa.

El territorio estaba poblado de pequeñas explotaciones familiares, que trabajaban muchas parcelas diferentes, pequeñas y dispersas, con una tecnología muy básica (arados ligeros y gradas de tracción animal compuestas por muchos elementos de madera) pero con un profundo conocimiento del medio.

La casa era el núcleo de la explotación. En ella convivían varias generaciones de la familia (abuelos, padres e hijos) y era común que compartieran espacio con el ganado; los establos ocupaban parte de la planta baja de la casa y las habitaciones contiguas, para así aprovechar el calor de los animales para calentar la casa. Junto a ésta estaban las huertas, donde se plantaban legumbres, hortalizas o árboles frutales para autoconsumo. Más lejos se situaban las tierras de cultivo (agras) delimitadas por un cierre que abarcaba varias parcelas abiertas (leiras) y cuya gestión se compartía con otros vecinos de la aldea. En ellos se plantaba el maíz, el trigo o el centeno. En las cercanías de los cursos de agua o humedales, se encontraban los pastos para el ganado. Y en las zonas altas, el monte, en muchos casos de gestión comunal, que proporcionaba a la aldea leña para construir, leña para calentar casas, alimentos (castañas…) y muchos otros productos.

Estas zonas no se gestionaron de forma independiente, sino que conformaban un sistema integrado, complementándose unas a otras.

En la primera mitad del siglo XX, esta estrategia productiva comenzó a cambiar debido a múltiples factores.

Por un lado, se inició el proceso de concentración parcelaria, con el que se pretende conseguir una ordenación del suelo agrícola que permita un uso adaptado a las necesidades agrarias y forestales de cada zona, agrupando las fincas de un mismo propietario en el menor número posible de parcelas. En tu viaje a Fisterra atravesarás zonas concentradas y no concentradas. Las pistas de tierra rectilíneas, de largo recorrido y ángulos rectos, que contrastan con los caminos más estrechos y sinuosos de otros puntos, te están indicando que esta zona ha sido “ordenada”; es decir, sometida a concentración parcelaria.

Por otro lado, la Administración y la industria empezaron a fomentar nuevos usos del suelo, las explotaciones a gran escala y la especialización, con el objetivo de ser más competitivos en el mercado. En este contexto, se impulsa la producción de madera con destino a la industria, por lo que se empiezan a introducir especies de rápido crecimiento que permitían multiplicar la rentabilidad (como el pino o el eucalipto). El proceso se inició en los montes de utilidad pública, dependientes del Estado, pero pronto se exportó a los montes privados gracias a diversas ayudas y los buenos precios que se obtenían en el mercado, así como al bajo nivel de inversión y mano de obra que requería el mantenimiento de las masas arboladas.

La falta de mano de obra fue otro de los fenómenos que contribuyeron al abandono del modo de vida tradicional gallego. Los jóvenes emigraron al extranjero o a las ciudades en busca de mejores condiciones de vida, y la población envejecida que quedaba en el campo no podía hacer frente por sí sola a las múltiples tareas que implicaba el antiguo sistema.

Todos estos cambios políticos, sociales y económicos tuvieron su reflejo en el paisaje. Los puntos de referencia en la vida cotidiana de las aldeas, asociados a una forma concreta de relacionarse con el territorio, se modificaron para siempre.

Colmenas

La producción de miel es uno de los usos asociados al monte gallego. Muchos monasterios situados en el Camino a Fisterra, como Ozón o Moirame, potenciaron esta actividad. Pero también había colmenas en las casas particulares, ya fuera para autoconsumo o como complemento a la economía familiar. En la alde de Vilaserío todavía quedan algunas incrustadas en los muros de las casas, ¿serás capaz de encontrarlas?

La apicultura tradicional en Galicia tuvo su máxima expansión en el s. XVIII, llegando a registrarse alrededor de 366.000 colmenas en el Catastro de Ensenada. La iglesia era propietaria de la mayor parte, y aún hoy en día hay muchos monasterios continúan fabricándola y vendiéndola. La aparición de nuevos edulcorantes más económicos en el s. XIX derivó en un progresivo abandono de la actividad hasta los años 70 del s. XX, momento en el que cobra de nuevo impulso pero con cambios sustanciales en el modelo de explotación.

Las colmenas tradicionales (o trobos) eran circulares, ya que estaban hechas de un tronco vacío de castaño, cerezo, roble o alcornoque, de unos 50-60 cm de altura y 30-50 cm de diámetro. En el interior se introducía una estructura de palos cruzados en la que se sujetaban los panales. La parte superior del trobo se cerraba con una cubierta de madera o corteza de árbol llamada caldullo, o en ocasiones con una cubierta cónica de paja seca.

Los trobos solían estar ubicados en un rincón poco frecuentado del huerto, soleado y junto a un cierre o seto que los protegía de los vientos y la lluvia. Otras veces se ubicaban lejos de las casas, en zonas de difícil acceso, orientadas al este para aprovechar el sol, y próximas a zonas de abundante vegetación para que las abejas tuvieran alimento. En este caso, el recinto se delimita con muros de piedra, generalmente circulares y de cierta altura para evitar la entrada de animales. Estas construcciones al aire libre se denominan abelllarizas o alvarizas. También hay colmenas dentro de las casas; las llamadas lacenas son un pequeño habitáculo que se empotra en la fachada más soleada y se tapa con una tabla. No se conservan muchas colmenas y las que aún están activas no se pueden visitar por estar en casas particulares o en el monte, en zonas de difícil acceso.

Una vez producida la miel, se almacenaba en vasijas especiales de barro para su consumo como edulcorante o como medicina casera. Con la cera se hacían velas para iluminar las casas y para la liturgia. De hecho, muchos monasterios medievales, como Ozón o Moirame, recaudaban impuestos en especie.

El Papel de PEFC

Los consumidores esperan que los materiales utilizados en los productos que compran tengan un impacto mínimo en el medio ambiente y, al utilizar la etiqueta PEFC, las organizaciones hacen visible su compromiso con el suministro responsable.

Asociar una marca con la etiqueta PEFC demuestra que los productos de origen forestal como el papel, la madera, la corteza, las resinas e incluso los alimentos proceden de bosques gestionados de forma sostenible. Esto es cada vez más importante, ya que los consumidores son conscientes del impacto de sus decisiones de compra y tienen en cuenta las etiquetas medioambientales.

A través de la certificación PEFC, podemos rastrear el material desde los montes hasta la cadena de suministro y hasta el producto final que compre.

La Cadena de Custodia PEFC es el seguimiento de los productos forestales durante las diferentes fases del proceso productivo y su posterior comercialización, con el fin de asegurar la trazabilidad de los productos forestales desde el bosque hasta el consumidor final. Constituye la etapa posterior a la certificación de Gestión Forestal Sostenible (del monte) y es necesaria crear un vínculo informativo entre la materia prima incluida en un producto forestal y su origen.

La certificación de Cadena de Custodia es fundamental para las empresas que buscan acceder a mercados ambiental y socialmente responsables, o para demostrar el cumplimiento de las políticas públicas o privadas de compra, que especifican como requisito el suministro de materiales ambientalmente responsables. También les permite etiquetar sus productos para que los consumidores puedan identificar y elegir aquellos que apoyen un modelo de gestión forestal responsable.

En cada etapa de la cadena se verifica el cumplimiento del Sistema PEFC mediante auditorías realizadas por un tercero independiente.

PEFC impulsa diferentes iniciativas para promover el uso de productos y materiales sostenibles de bosques bien gestionados como “Forest For Fashion” o “Fashions change, forests stay. Comprometidos co futuro dos bosques”, dirigidos al mundo de la moda (Vídeo , saber máis), o la campaña“Sabores Forestales Sostenibles ” (aquí).

4. Negreira
Subir
6. Corzón

Iniciativa promovida por el programa “O teu Xacobeo” de la Xunta de Galicia