El Camino de Fisterra atraviesa muchas aldeas que aún conservan su carácter tradicional, en las que se mantienen construcciones que perdieron su funcionalidad original pero que son parte de nuestra identidad. Es el caso de los molinos, hórreos, “eiras de mallar” o hornos asociados a la elaboración del pan, antaño centro de la actividad cotidiana de las aldeas ya que ese era el principal alimento en el rural gallego. Muchas de estas construcciones y herramientas empleadas en la elaboración del pan estaban hechas de madera; y hasta el propio pan se hacía originalmente con los frutos de los árboles.

PEFC tiene como objetivo potenciar y mantener el efecto a largo plazo de sumidero de las masas forestales y de sus productos leñosos. 

Eiras de mallar
Hórreos
Hornos
El papel de PEFC
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El pan fue el principal alimento en la sociedad gallega durante mucho tiempo. Aun hoy en día, se reconoce internacionalmente su valía como producto gastronómico.

En un comienzo, el pan se hacía de harina de castañas o bellotas que se recogían en los sotos o  robledales. Más adelante, empezó a hacerse pan de centeno y, sobre todo, de maíz (el “mijo” castellano). Es en el s.  XVII cuando se introduce un nuevo cereal procedente de América (“maíz”) que acabó por imponerse. El nuevo cereal sustituyó complemente a los anteriores en la alimentación cambiando nuestra dieta, y mismo pasó a denominarse del mismo modo: maíz. Para diferenciarlos, el anterior cereal pasó a llamarse maíz menudo.

En Ozón puedes ver algunas de esas construcciones asociadas al proceso de elaboración del pan alimento:

• En las eiras, se golpeaba el cereal para separar la paja de las mazorcas.

• En los hórreos se guardaba el cereal.

• Y, una vez convertido el cereal en harina, el pan se cocía en los hornos.

En tu próxima parada, en la aldea de Os Muíños, puedes visitar los molinos en los que se molía el cereal para hacer la harina del pan. 

Algunas de estas construcciones eran de uso particular, pero muchas de ellas estaban gestionadas por una colectividad. En general, el rural gallego se construyó desde lo común.

Eiras de mallar 

Las eiras de mallar son espacios circulares o rectangulares localizados en un terreno suelo y soleado, con un pavimento de tierra o piedra.

Fuente: Carme Toba Trillo

Todos los vecinos se reunían en ellas para realizar la malla, que tiene por finalidad separar la paja (que se empleada como forraje del ganado) del grano del cereal (que se molía para hacer la harina del pan); además las eiras también servían para secar las alubias, la avena,…o para blanquear la cera de las abejas que se dedicaba a la fabricación de velas.

La malla se iniciaba extendiendo los jugos de cereal seco en el suelo de la eira, en filas, con todas las espigas en la misma dirección. Esto había que hacerlo temprano para que el cereal que se había calentado con el sol (asolear) y las espigas se abrían con el calor. Después, se golpeaban con un palo de madera (mallo) del que colgaba un segundo palo articulado (pértigo), unidos entre sí por una correa de cuero. Tras una primera malla, se le daba la vuelta a los jugos y se repetía la operación.

Era una tarea comunal que comprendía ritos, costumbres y fiestas. Sin embargo, con el tiempo, las herramientas de madera fueron sustituidas por máquinas malladoras que recorrían los pueblos cobrando el servicio por horas, lo que supuso el decaimiento de esta tarea.

Hórreos

Los hórreos tenían como finalidad almacenar y secar el cereal; aunque también se guardaban en ellos los quesos, chorizos, tocino y jamones para curar, ajos y cebollas. Por este motivo, se localizan en lugares elevados y bien ventilados para que las corrientes de aire favorezcan el secado o curado de los alimentos. Por funcionalidad, muchos se encuentran al lado de las eiras de mallar.  

Al igual que ocurre con los molinos, existen múltiples tipologías de hórreos en función de su forma, del material de construcción empleado o de la estructura sobre la que se asientan para no estar en contacto directo con el suelo y reducir así la humedad. Según las zonas, predominan unas u otras características; e incluso dentro de cada zona, la combinación de variables puede ser múltiple. En las tierras orientales de Galicia todavía pueden verse hórreos circulares, pero en el occidente se imponen los rectangulares. Al salir de Compostela, los hórreos eran de madera, pero aquí ya ves que son completamente pétreos; es en el linde del ayuntamiento de Negreira con Dumbría y Mazaricos donde se produce la transición de una tipología a otra. La razón es la climatología, pues en esta zona hay mucha más humedad, por lo que la madera requería un mayor esfuerzo de conservación.

Hórreo – Ozón

Hórreo – Ponte Maceira

n general, los hórreos se apoyan en pies derechos, sobre un granero (una base cerrada), sobre una cepa (una base maciza) o sobre muros transversales. Encima de esta estructura, se disponen los tornarratos, que puede ser único o una pieza por cada pie, y cuya finalidad es impedir que los ratones trepen por el hórreo para comer los alimentos. La cámara (el almacén) está siempre con muchas aberturas para favorecer la circulación del aire; ronda los 2’5 m de altura y 1’5 m de ancho, pero la longitud varía en función de la situación económica de su propietario: a mayores dimensiones, mayor poder adquisitivo, y el del Monasterio de Ozón es uno de los más grandes de Galicia. Las paredes más largas se denominan costales y en ella suele situarse la puerta de acceso, a la que se llegaba mediante una escalera fija o móvil. Los lados cortos son los penais y suelen estar coronados por lampións (pináculos) o cruces, a modo de decoración y protección. La cubierta es a dos aguas, de teja, como la de las viviendas.

Los hornos

Los hornos

Tras a molienda del grano en los molinos, se procede a la elaboración de la masa del pan (harina, agua y sal), que se deja reposar varias horas en la artesa, un recipiente grande de madera, generalmente con cuatro patas y tapa, más estrecho en el fondo que en la parte superior. Después, la masa se introduce en el horno, compuesto por unas losetas (lar) sobre las que se asienta una cámara de piedra con una bóveda de entre 1’5-2’2 m de diámetro. Solo se deja una pequeña abertura de 0’5 x 0’5 m para meter la masa, que después se cierra con una loseta  sellada con una mezcla de excrementos de vaca y agua. Tres horas después, el pan está listo, así que ya se puede retirar con una pala larga de madera.

Si el horno es particular suele configurarse como un recinto de piedra y cubierta a un agua que se arrima a una de las fachadas de la vivienda o de alguna de las edificaciones de la casa (como un alpendre). También se puede encontrar dentro de la propia vivienda. 

Si el horno es de uso comunitario, será una estructura aislada con cubierta a dos aguas (semejante a un molino), emplazada en un espacio accesible a todos los vecinos. En este caso, cada unidad familiar ha asignado un número concreto de hornadas, cada vecino tiene que llevar su propia leña y debe dejarlo limpio.

Aplicando ciertas modificaciones, también había hornos de oleros y tejeros para cocer recipientes de barro o tejas, respectivamente.

El Papel de PEFC

Las masas forestales y sus productos se caracterizan por su capacidad de fijar carbono. Una gestión forestal tendente a generar productos de prolongado ciclo de vida o sustitutivos de otros productos más contaminantes, multiplica este efecto.

PEFC tiene como objetivo potenciar y mantener el efecto a largo plazo de sumidero de las masas forestales y sus productos leñosos.  

Los productos de madera pueden suponer un gran almacén de carbono. El CO2 absorbido por un árbol queda secuestrado en la madera; si utilizamos madera dejamos de emplear otros materiales que provocan muchas emisiones en su fabricación y además no secuestran CO2; además, podemos reutilizar y reciclar los productos de madera, aumentando así su vida útil.

Hórreos, utensilios, aperos de labranza, mobiliario.. son almacenes de carbono.

Usando productos de madera contribuimos a la mitigación del cambio climático. Además debemos asegurarnos que su origen tenga un origen sostenible, por lo que cuando veas la etiqueta PEFC, significa que el material forestal del producto proviene de un monte que se gestiona de acuerdo con unos requisitos ambientales, sociales y económicos muy estrictos.

Una de las formas más simples en que puedes ayudar a proteger nuestros montes es elegir productos con la etiqueta PEFC.  

Artículos para el hogar: Desde papel higiénico hasta utensilios de cocina, sobres y paños. ¿De pícnic o de fiesta? platos, vasos, servilletas y pajitas… ¿Preparando a tus hijos para la escuela? Lápiz, cuadernos, carpetas, folios…

Muebles: Armarios, estanterías, mesas, sillas, camas de madera, marcos de fotos, adornos, mobiliario de jardín…

Bricolaje: armarios de tu cocina, ¿un nuevo mobiliario de jardín? 

Moda: mucha de la ropa o productos textiles que compramos están hechos de fibras que provienen de los árboles (viscosa, modal y lyocell) 

Embalaje: incluso si el producto que está comprando no proviene del monte, mira el embalaje! Las cajas de cereales, de fruta o bolsas de té, arroz.

8. Dumbría
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10. Muiños

Iniciativa promovida por el programa “O teu Xacobeo” de la Xunta de Galicia